Bueno, Aceptémoslo…

El otro día invité a mi amigo Juan Carlos a almorzar a la casa…  Con todo el ajetreo de las últimas semanas no había tenido mucho tiempo para hablar con él y ponerme al día de lo acontecido desde su regreso de Lima.  Fue, como siempre, muy rico sentarse a conversar, hablar de su nuevo trabajo, de sus planes y sus proyectos, y hablar de todo y de todos con su proverbial agudeza y sarcasmo.

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Me contó entre otras que había hablado hacía poco con nuestra amiga Johanna, quien fue nuestra compañera en la Universidad: Una mujer brillante y sumamente trabajadora quien además siempre ha esbozado una personalidad tierna y afable que hizo que fuera algo así como mi amor platónico en aquella época.   Casi 20 años después, ella es además una excelente profesional, una gran esposa y la madre de Abel.

Y con su clásica sátira me habló un poco de ese tono desprendido con el que Johanna hablaba de Abel, mencionando cosas como lo interesante que es cómo el cerebro humano se va desarrollando, cómo de repente ellos (Los bebés) comienzan a hacer nuevas cosas, cómo es de interesante como comienzan a identificar cosas, a decirlas, etc.  Todo esto en un tono desprendido, como si no estuviera hablando de su propio hijo…

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“…como alguien que yo conozco”

Y sí, supongo que yo manejo un discurso similar, hablando de los bebés en general como para no hablar directamente de tí, y refiriéndome a procesos cognitivos y desarrollos de la personalidad, como si la cosa no fuera conmigo…  O contigo.  En general, supongo que me esfuerzo tanto en no caer en el vicio de los padres de asegurar lo inteligentes que son sus hijos, que termino por irme al otro lado.

Pero hay evidencia que apunta a que, en realidad, sí eres bastante inteligente.  El hecho de que hoy, un mes exacto antes de cumplir tu segundo año, estés armando frases completas de tres y cuatro palabras, conjugando verbos (Con errores en los irregulares, lo cual es totalmente lógico y normal) y utilizando uno que otro adjetivo o conector indica que tus habilidades lingüísticas se están desarrollando bastante bien.

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“Doña pánfaga hallábase hidrópica, o pudiera ser víctima de apoplégico golpe fatal

También reconoces una gran cantidad de figuras, colores y sonidos, incluso cuando se te presentan de una forma diferente a la que estás acostumbrado: Puedes reconocer diferentes tipos de perros como “perro”, un dibujo más o menos abstracto de un elefante como “elefante” y extrapolar el concepto de “papá”, “mamá” y “bebé” tanto de una foto nuestra como de una representación abstracta de una familia, por mencionar algunos ejemplos.

Tu memoria es impresionante: Puedes contar hasta dieciséis (Que yo sepa), y cantar “Estrellita dónde estás” en inglés y en español, repitiendo incluso las estrofas que no son tan conocidas; también te sabes “Mi carita”, que cantas mientras haces los gestos que acompañan cada acción, “En la granja de mi tío” (La versión españolizada de “Old McDonald’s”), con los sonidos de cada animal, “Campanero”, “El Trencito Chucu-cha” y contigo hemos jugado frecuentemente a “Head, shoulders, knees and toes”.

Igualmente, puedes resolver problemas más o menos sencillos, y tu concentración cuando abordas un nuevo reto es asombrosa: Organizas tus carritos por código de color (Eso me parece demasiado psicorrígido, incluso para mí), armas rompecabezas cada vez más complejos y cuando cierto juguete que tienes te pide que oprimas los botones correspondientes a animales, formas y números, lo haces con una muy baja tasa de error (Excepto, tal vez, en algunos números).

Incluso, es claro que manejas algunos conceptos abstractos, como “mucho”, o la relación entre “grande” y “pequeño”.  De la misma forma, algo que me encanta es que demuestras señas claras de imaginación: Que puedas, por ejemplo, darte cuenta que una organeta no funciona, pero que a la vez puedas imaginar que estás tocando una canción, oprimiendo las teclas mientras la tarareas.

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“Cha-cha-cha-chaaaaaan”

Así que, bueno, aceptémoslo, soy un padre orgulloso que considera que su hijo es muy inteligente.  Y me siento feliz por ello.  Ya está, ya lo dije.

Te quiere,

Papá

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