Esclavitud Moderna

El hecho de pasar el año nuevo en un contexto completamente diferente al acostumbrado te permite hacer cosas igualmente diferentes o, en mi caso, tener conversaciones que probablemente no habrías tenido de otra forma.

Una cosa que recordaré de este año nuevo fue una conversación que tuvimos con Gino una vez terminaron todas las celebraciones, bailes y fuegos artificiales.  Como te decía en otra carta, el 2016 que pasó aún hace tan poco no fue un año particularmente bueno, y en ese paseo fue claro que eso no sólo era cierto para nosotros, sino también para nuestros compañeros de viaje.

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¿No ves el dolor y la tristeza en sus caras?

Sin entrar en mucho detalle, básicamente para no violar la privacidad de mis amigos en un blog público, baste decir que este fue un año de incertidumbres y en el que los negocios no salieron de la mejor manera, lo cual llevó a una serie de tensiones familiares que se volvieron casi insoportables.  Con la llegada del nuevo año, todo eso parece en buena parte prueba superada, pero las heridas quedan, tanto como las lecciones aprendidas.

Y fue de esas lecciones aprendidas que nos hablaba Gino en esa casa ajena en Villa de Leyva, en una conversación que lo llevó a su época escolar, en la que compartió aulas con amigos de tal calibre que en alguna oportunidad -recordaba -llegó a increpar a sus padres, reclamándoles el que no tuvieran sus propias caballerizas.

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“Al menos un jet privado”

Me sentí parcialmente identificado con ello: Si bien, en contraste, siempre fui conciente que en mi casa la situación debía mantener cierto nivel de austeridad (Mi tía Stella siempre recordará cómo una vez en un supermercado al preguntarme qué quería yo le contesté algo como “Lo que a bien puedas darme”), sí recuerdo bastante bien la desazón que me producía el no poder comprarme los tenis[1] Reebok que tanto quería, que casi todos mis compañeros tenían y que eran tan populares por aquellos años 80.

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O el muñeco de Mazinger Z que tenía mi amigo Alejandro

Y son esas pequeñas comparaciones, repetidas una y otra vez a lo largo de los años, las que te meten normalmente en un tren de querer aparentar que tienes más que los demás, que vives mejor que ellos, que eres más que ellos.  Compras un carro, una casa, el mejor computador, las mejores cosas, comes en los mejores restaurantes, viajas a los mejores destinos y te das una vida de rey…  Que en muchos casos no puedes pagar.

Pero eso no importa, porque siempre habrá alguien que salga en tu ayuda.  Y no, no es un amigo, precísamente.  A veces, con suerte, será tu familia; pero tampoco estoy hablando de ella.  En su lugar, hablo de los bancos, que siempre estarán dispuestos a ayudarte a conseguir todas esas cosas superfluas que deseas…  Por un precio.

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¡Tu alma!

En general, el intercambio es sencillo: Obtienes gratificación inmediata a cambio de un pago futuro, generalmente distribuído en cómodas cuotas que te facilitan ir amortizando dicho pago, y con un extra adicional (Representado por los intereses) que le das al banco para compensar sus molestias.

Pero la cosa es: Es tan fácil endeudarse, que prácticamente lo haces sin darte cuenta.  Y es tan difícil salir de tus deudas, que una vez comienzas es casi imposible que saldes todas tus cuentas.  Cuando menos lo esperas, te darás cuenta que una buena parte de aquellos ingresos que tanto te esfuerzas por conseguir terminan yendo a pagar por cosas por las que probablemente ya has pagado el doble de su precio inicial, pero tú tienes que continuar pagando porque no puedes darte el lujo de no hacerlo.

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Dicen por ahí que la deuda es la esclavitud moderna

Porque si en algún momento llegas a fallar con tus pagos, te darás cuenta de cómo aquellos amigables bancos del pasado de pronto se convierten en monstruos aterradores ávidos de consumir todo aquello que tienes, de las peores formas posibles.  Y si bien la ley puede ser tu aliada en ciertos casos, sí te causarán muchas preocupaciones y dolores de cabeza.

Ahora: No te estoy diciendo que no te endeudes nunca en tu vida -En algunos casos, es la única forma de conseguir un capital -.  Sin embargo, sí quiero reiterarte que no caigas en la trampa del hiperconsumo, y que en lo posible no te endeudes por cosas superfluas.  Y si te tienes que endeudar, hazlo inteligentemente: Documéntate, lee la letra menuda, haz un plan de pagos y asegúrate de no estar superando tu capacidad de endeudamiento.

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Presente o futura

Ante todo, ten siempre presente que ningún bien material vale más que tu tranquilidad.

Te quiere,

Papá

[1] “Zapatillas”, como los llamarían en otras latitudes.

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2 comentarios en “Esclavitud Moderna

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