Día de Velitas

Hoy se celebra en Colombia el día de la Inmaculada Concepción de la Virgen María, en la que se celebra precísamente el hecho de que la madre de Jesús haya dado a luz sin que hubieran mediado aquellas condiciones biológicas que hoy en día consideramos indispensables para consumar un embarazo.  Y aunque personalmente tengo mis serias dudas en cuanto al objeto de conmemoración, lo cierto es que en este momento estoy en mi casa disfrutando del día festivo que la Ley colombiana ata a la celebración religiosa.

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Qué estado laico ni qué nada

Y así como hoy estamos descansando, anoche estuvimos en casa de Johana y de Juan Pablo, quienes invitaron a todos los del grupo a celebrar con ellos la noche de velitas.

El día fue bastante duro, con muchas reuniones y muchísimo qué hacer.  Además, en la tarde tuvimos una ecografía de control, que nos llevó a tu mamá y a mí a salir corriendo para recogerte e ir al centro diagnóstico para que te la tomaran, lo cual fue aún más complicado debido a que ayer estábamos en “pico y placa”, sin poder disponer de nuestro carro.  Para las 5 de la tarde, estábamos cansados y encartados, y casi no logramos conseguir un taxi.

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Para cuando llegamos, después del horrible trancón que caracteriza estas fechas, nuestros amigos nos recibieron con el cariño que los caracteriza, y nos sentamos a conversar con Johana y los papás de Juan y tú a jugar con los juguetes de Juan Diego, que a esa hora ya estaba dormido; mientras Juan y María Paula hacían los buñuelos.

Y allí estuvimos muy contentos hasta que comenzó a sonar un estruendo afuera: En el Centro Comercial cercano estaban lanzando fuegos artificiales.  Nos demoramos bastante alistándonos, poniéndote el gorro y la bufanda, porque para cuando salimos ya se estaban acabando.  Sin embargo, me encantó ver tu cara de sorpresa y admiración con las luces de colores que te rodeaban por todas partes.

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Y que para nada se veían como estos.

Aproveché entonces que ya tenías toda tu indumentaria y decidí darte una vuelta por toda la cuadra, para que miraras cómo habían decorado las casas vecinas.  Y aunque te encantó ver las lucecitas titilando y los adornos creativos por todo nuestro camino, y gritabas y señalabas aquello que más te gustaba, al final lo que más te llamó la atención fueron los tres perros que vimos al final de la cuadra.

Para cuando regresamos, había llegado el momento de encender las velitas: Ellos habían comprado unos faroles que nos sentamos a armar (Y debo decirte que me sorprendió mi habilidad manual, que nunca ha sido mucha que digamos).  Les pusimos a cada uno su velita y salieron a encenderlos.  Mientras estábamos en eso llegaron Viviana y José Luis, vecinos de nuestros amigos, que venían con sus dos hijos, y se sentaron a encender velitas con nosotros.

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Nos quedamos allí un buen rato, jugando con las velas y compartiendo con ellos, hasta que las niñas del grupo decidieron llevarnos a ver a la virgen que reposa en una gruta natural incrustada en un arbol en la parte de atrás de su conjunto.  Efectivamente caminamos hasta allí y te emocionó mucho ver las luces y a las otras personas, si bien de nuevo lo que acaparó tu atención fue un pastor alemán de una casa vecina.

Para cuando volvimos, nuestros amigos Hugo y Alexandra, a quienes habíamos estado esperando hasta ese momento, habían llegado con sus niños.  Entramos a la casa y nos sentamos a hablar con ellos mientras tú y los otros niños volvían a jugar con los juguetes de Juan Diego.  Pedimos una pizza y seguimos conversando, cuando sucedió algo extraño: En medio de la conversación, alguien sugirió que yo cantaba, y Viviana me espetó: “¿Tú cantas?”

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“¿Quién, yo?”

Nos dijeron entonces que José Luis es músico, y él se apresuró a demostrarlo trayendo su guitarra y su cancionero: Cancionero este que de pronto me devolvió años en el tiempo porque en lugar de contener aquellas canciones que cantábamos en mi casa con mi amigo el abogado, contenía puras canciones de Silvio Rodriguez (Que me recuerdan al colegio) y de música colombiana (Que me recuerdan las tertulias en casa de mi abuelo).

En un santiamén estaba él tocando bambucos y sanjuaneros y a su alrededor todos estábamos cantando las canciones que nos sabíamos de la mejor manera que podíamos (Con un par de gallos de mi parte en los tonos más altos): Pasamos de Carlos Vives y Diomedez Días a Silvio, y de él a Jorge Villamil y Arnulfo Briceño, con un par de canciones de Nino Bravo y de Miguel Bosé para darle un poco más de variedad a la mezcla.

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Algo me dice que tu abuela habría disfrutado mucho ese concierto.

En medio de la tertulia llegó la pizza, que nos comimos entre canciones, y al poco rato llegó el momento de irnos, porque en realidad era ya demasiado tarde para que tú estuvieras por ahí rondando.  Incluso, nuestros estridentes alaridos hicieron que Juan Diego se despertara, aunque en realidad quedó un poco sonámbulo por un tiempo.

Al final, nos fuimos de allí, y una noche a la que en realidad yo le tenía muy poca fe terminó convirtiéndose en uno de los recuerdos más memorables que sin duda tendré de este año, gracias sin duda a tu capacidad de asombro, a una excelente música y a una inmejorable compañía.

Sólo espero que puedas vivir muchos momentos que te llenen de energía como esa noche me llenó a mí.

Te quiere,

Papá

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Un comentario en “Día de Velitas

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