Fuera de la Bolsa

Ayer fue tu última cita en el Programa Madre Canguro Integral, en el Hospital Universitario Infantil de San José.

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“El antiguo Lorencita”, como le decíamos a todo el mundo

Fui a recogerte a casa, y salimos directamente para allá, donde nos encontramos con tu mamá.  Cuando llegamos, el sitio estaba hecho un caos -Luego nos enteraríamos que una de las pediatras estaba incapacitada, y había una sola (La Doctora Helen, a quien no conocíamos) atendiendo a todos los niños.  Esto había creado un cuello de botella en el que todas las familias presentes tenían que esperar hasta 2 horas (2 y media, en nuestro caso) para que las atendieran.

Así que, después de hacer un par de trámites urgentes en la clínica mientras las enfermeras te medían y te pesaban -como suelen hacerlo -nos dispusimos a relajarnos, a sabiendas que la espera sería larga.  Mientras tanto, tu mamá y yo mirábamos a las otras familias, con niños en su mayoría mucho más pequeños, y recordábamos nuestro paso por el programa.

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Veía, por ejemplo, a un padre bastante joven, vistiendo a su pequeña, que cumplía apenas un par de semanas de edad corregida (Esto es, tendría un par de semanas si hubiera nacido a término), con tanto cuidado como si temiera que se le fuera a romper; y me vi a mi mismo reflejado en esos primeros meses en los que me daba terror lastimarte con cualquier movimiento abrupto.

Veíamos también a una pareja bastante preocupada por su pequeña niña, que había pasado por una etapa bastante traumática en la incubadora, y que aún no había adquirido el peso que debía tener.  La doctora -un poco cansada e incluso estresada por el volúmen de trabajo -les dio las indicaciones para que la mantuvieran piel con piel, cubriéndola con la faja para que no perdiera calor; y a pocos metros tu madre y yo agradecíamos que incluso con la prematurez, tu desarrollo siempre fue bastante tranquilo.

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Y feliz

Finalmente, vimos a una madre que estuvo un buen tiempo sola -su esposo estaba haciendo algunos trámites de exámenes y ecografías -, y que parecía un poco encartada con el bebé, la pañalera, las cobijas y el oxígeno; a la vez que se notaba molesta por la larga espera, e inconforme con las recomendaciones.  Cuando terminó su cita, la doctora le dijo que entendía que esas primeras veces eran muy difíciles, pero que después todo mejoraba; y tu mamá y yo nos miramos y concordamos en esto último.

Recordé que al principio no me gustaba en absoluto ver eso que parecía una “cadena de producción” en el que 3 doctoras examinaban a los bebés mientras las otras familias esperaban en la salita dispuesta para ello, varias de ellas amamantando a sus bebés -lo cual me hacía sentir un poco incómodo -.  Al final, se convirtió en una rutina, e incluso preferíamos ir al Plan Canguro que a otros pediatras, porque confiábamos en que sus consejos generalmente eran más certeros, y su atención -en muchos casos -mejor.

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Con muchísima paciencia, por lo menos

Al final, te llamaron a examen de psicología: Te mostraron una serie de juguetes y te dieron una serie de instrucciones, que ejecutaste a la perfección -Si bien para ti fue más interesante la caja de juguetes que los juguetes mismos.  Vieron cómo gateabas y cómo caminabas, y nos preguntaron si había otras cosas que hacías que no hubiéramos visto allí.  Al final, nos dieron el visto bueno, y procedieron a llenar y firmar tu diploma de graduación.

Eso sí, nos recomendaron que te reforzáramos el lenguaje, porque te estamos adivinando mucho y eso no te obliga a esforzarte por comunicarte.  Nos pidieron que te preguntáramos qué querías y que tratáramos de forzarte a que dijeras las cosas; una tarea en la que nos pusimos de inmediato y en la que procuraremos seguir trabajando durante los próximos meses.

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Como por ejemplo, enseñarte a decir “No sé”

Al final, siendo los únicos que quedábamos allí, nos entregaron el diploma y nos aplaudieron por nuestra constancia, nuestro trabajo y todo ese amor que nos ha llevado a superar este primer año de edad corregida.  Nosotros nos despedimos de la doctora Helen, de la doctora Sandra, de Evelyn, de Nathaly y del resto del equipo, y les regalamos a cada una una barra de chocolate, con una cierta satisfacción por el deber cumplido, y a la vez con ese sinsabor que siempre queda cuando se termina una etapa.

Hoy, finalmente, estás “fuera de la bolsa” del plan canguro, pero por fortuna -gracias a ellas -muchos otros niños prematuros de todos los niveles socioeconómicos pueden acceder a una atención especial y (más o menos) personalizada, que incrementa enormemente sus probabilidades de supervivencia en ese primer año, con todo el profesionalismo e igualmente con mucho cariño.

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¡Gracias!

Te quiere,

Papá

P.D.1. Tu mamá está pensando seriamente en donar una faja de madre canguro que al final nunca utilizamos contigo.  Teniendo en cuenta que muchos padres no tienen acceso a este tipo de elementos, aprovecho esta entrada para invitar a otros a donar también fajas u otros aditamentos (Leche, pañales) para otros padres que tal vez estén pasando por dificultades.

P.D.2. En todos los agradecimientos se nos queda por fuera la doctora Natalia, quien siempre fue tan certera y profesional, y por quien siempre cruzábamos los dedos para que fuera quien nos atendiera.  Le deseamos lo mejor en su nuevo rumbo profesional.

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