Les Miserables

Ayer, a través de Facebook, me llegó un artículo que aseguraba que “un reciente estudio” había demostrado que los padres somos, en general, miserables.  Decía que en Alemania, a pesar que las parejas al principio decían querer en promedio tres hijos, al final el promedio por pareja era de hijo y medio.  Tras demostrar la correlación entre las diferentes variables de bienestar de la familia después de llegar el niño (Y al parecer durante la etapa crítica de los 2-3 años), se dieron cuenta que muchas de ellas habían disminuido.

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La conclusión: Los hijos hacen a las parejas miserables

Y la verdad no es el primer artículo que leo al respecto: Antes de tu llegada pude leer varios artículos con mayor o menor grado de rigor científico, que indicaban que en general las parejas tienden a ser menos felices cuando llegan los hijos: El estrés se incrementa, los conflictos aumentan, y todas las variables de bienestar disminuyen de forma abismal.  Esta en buena parte fue una de las principales causas por las que por mucho tiempo me resistí a la idea de tener hijos.

Pero todos los padres dicen ser felices, ¿No?  Cuando tienes pareja y no tienes hijos todo el mundo te recomienda tenerlos, diciéndote que ellos son la alegría del hogar, que conocerás el amor verdadero, que nunca han sido más felices.  ¿Será que es un pacto secreto que tenemos todos los padres para inducir a las parejas sin hijos a que vengan a compartir nuestra miseria?

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Ven…  Tú sabes que lo quieres

Lo divertido es que no.  No hay un acuerdo, ni hay una trampa.  Todos esos padres que te dicen que un hijo es la felicidad de un hogar en realidad lo creen, aún cuando si comparas sus variables de bienestar con el momento en que no tenían hijos probablemente veas una reducción en todas ellas.  El truco es que no son concientes de esta reducción, o de la correlación con la llegada de los hijos, e incluso para los pocos que son concientes, no es políticamente correcto decir que tener hijos te ha hecho miserable.

Pero el hecho es que la mayoría creen honestamente en lo que están diciendo.  Para ellos, sus hijos son la felicidad del hogar.  Recientemente leí que ello se debía a que estas parejas sacrifican todas sus demás fuentes de felicidad (Solvencia económica, viajes, salidas, vida sexual, amigos), y por lo tanto -efectivamente -los hijos se convierten en una de las pocas fuentes de donde pueden sacarla.

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Pequeños acaparadores, ellos.

Efectivamente, con la llegada de un bebé todas estas variables disminuyen: Buena parte del dinero y buena parte del tiempo debe ser reservado para el bebé, y eso implica sacrificar muchas de estas actividades en pareja.  Además, la crianza conlleva un gran estrés adicional que tampoco ayuda a mejorar las cosas.  Al final, la disminución de bienestar combinada con ese estrés adicional tiende a ser catastrófico para muchas parejas.

Pero entonces, ¿Estoy diciendo, como padre, que la llegada de un hijo nos hace miserables? Pues en realidad, lo que he dicho durante todo este artículo es que todas las variables de bienestar tienden a disminuir en promedio.  Sin embargo, lo que no he dicho hasta ahora es que si bien el promedio disminuye, la varianza aumenta de la misma forma, como lo dicen Rufus Griscom y Alisa Volkman en la siguiente charla TED:

Lo que sucede es que si bien el nivel de bienestar disminuye en general, existen momentos de felicidad absoluta que comienzan a presentarse a medida que el niño comienza a moverse, a gatear, a balbucear, a sonreír y a hablar, entre otras, mientras que existen otros momentos en que en realidad te provoca sentarte a llorar.  El promedio ha disminuido, pero también tienes aquellos momentos de felicidad hiperbólica que te dan tus hijos, y que al llegar tu madurez has ido perdiendo.

En últimas, ser padre es una montaña rusa de emociones: Tiene sus altos, y tiene sus bajos.  Hay muchos sacrificios, hay muchos momentos en los que no sabes qué hacer, en el que se generan tensiones que antes no había y en el que cualquier cosa te molesta o te fastidia; pero también hay momentos en los que una sonrisa, el hecho de que te emociones al verme, una palabra o un simple abrazo parecen borrar de la existencia todos esos aspectos que pueden parecer negativos.

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Ahora, ¿Que lo recomiende?  Sigo diciendo que eso es una decisión personal.  Es importante que cada quien decida si lo quiere o no, sabiendo de antemano los pros, y los contras.

Te quiere,

Papá

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