Reprimiendo el Ego

¡Cómo cambian las cosas! Hace sólo algunos meses que apenas te podías levantar de la cama, que te movías con gran dificultad y que la parte más activa de tu cuerpo eran tus ojos, que se movían para reparar el mundo a tu alrededor.  Hoy te mueves por todas partes, gateando a gran velocidad, te levantas agarrándote de lo que tengas alrededor y te bajas de la cama o de la silla.

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El mundo es mío para explorar

Y con esta nueva movilidad ha surgido toda una serie de dificultades imprevistas, como que te llamen la atención los cables, los cajones (Que ya has aprendido a abrir), meterte debajo de las sillas del comedor, sacar los libros de la biblioteca, coger los adornos que claramente no son para dejar al alcance de los niños y en general el hecho de que si bien te puedes mover, aún no has adquirido suficiente destreza, y con frecuencia te expones a golpes y raspaduras.

Por otra parte está el que aún no sabes controlar tu fuerza, lo cual es evidente cuando te emocionas tiras del pelo de tu mamá, o me agarras de las mejillas; también cuando mandas la mano y terminas golpeando a alguien (O a ti mismo), o botando la comida que te están dando en ese momento.

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Cuando te da por no comer

La cosa es que a pesar del miedo o la molestia que nos puedan producir todas estas situaciones, en su mayor parte se deben más a tu curiosidad y deseos de explorar el mundo, y a la falta de control que mencioné anteriormente, que a una intención maliciosa de tu parte; incluso cuando ese miedo y esa molestia genera reacciones que te parecen divertidas y las tomas como juego.

Por eso, aunque en principio la primera reacción de aquellos que estamos a tu alrededor puede ser bastante fuerte, es importante que durante un momento nos detengamos y nos demos cuenta que -sea cual sea -la situación es normal; y que aunque nos asuste o nos moleste, no debemos descargar ese miedo o ese disgusto contigo.

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Ahora, no estoy diciendo que no sea importante corregir esos comportamientos indeseables: Lo es.  Lo que estoy diciendo es que esa corrección no puede estar acompañada de una carga emocional negativa de miedo, disgusto o frustración que convierta lo que debería ser una guía de comportamiento en una desagradable descarga de sentimientos negativos sobre ti, que no tienes la culpa de lo que sucede.

Esto es una línea bastante delgada, porque en el momento en que ocurren estas situaciones la carga emocional es alta, y detenerse a pensar es difícil; pero por otro lado sí debe ser clara la asociación entre la corrección y el hecho que la generó, así que no se debe dejar que pase mucho tiempo entre una cosa y la otra.

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Tal vez sea un tema de contar hasta 10

Ahora, una vez descargado de sentimientos negativos y habiendo reprimido un poco el ego herido, ¿Cómo hacer la corrección en sí?  Debo reconocer que eso es algo que aún escapa a mi experiencia de padre primerizo.  Por el momento, estoy actuando puramente por instinto, pero si otro padre o madre tiene algún consejo, le agradezco introducirlo en los comentarios.

Entre tanto, me despido de ti en mi forma habitual:

Te quiere,

Papá

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