Mi Problema con Carreño

“Todo tiempo pasado fue mejor” escribió Jorge Manrique, y sus palabras quedaron grabadas en la sabiduría popular.  Lamentablemente, esta transcripción omitió el “a nuestro parecer” del que venía antecedida la frase original.  Y es que el tema es puramente de percepción: A pesar que lo neguemos, vivimos en una era que en muchos aspectos es bastante superior a la de nuestros padres, y algo me dice que la tuya será superior a la mía.

Eso sí, cuando seas adolescente escucharás de tus mayores que “en nuestros tiempos” los jóvenes respetaban, que todo era más sano, que éramos moralmente superiores.  ¿Y sabes?  Eso decía exactamente la generación de mis padres, que cuando se referían a nosotros usaban exactamente las mismas expresiones…

De hecho, cuando compré el audiolibro “La Historia de las Civilizaciones“, de Diana Uribe y empecé a escucharlo, ella comenzaba por recordarnos que la historia comienza con la invención de la escritura, y mencionaba de paso aquello de lo que hablaban los primeros textos escritos que se han encontrado en el mundo: Que los jóvenes están perdidos, que se ha perdido el respeto, y así.

Pero a diferencia de mi generación con la tuya, la generación de mis padres tuvo un caballito de batalla en el que depositó toda su frustración con el comportamiento de la mía, un elemento que enarboló como un estandarte para demostrar su punto: El Compendio del Manual de Urbanidad y Buenas Maneras de Manuel Antonio Carreño.

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Este librito

Carreño era un pedagogo venezolano, sobrino del famoso maestro de Simón Bolívar, don Simón Rodriguez (Quien, debido a ciertos conflictos familiares, había decidido omitir su primer apellido -Carreño -de su nombre), quien tenía una cierta afinidad con las normas de urbanidad y etiqueta, que le llevaron a escribir el mencionado manual, que se convirtió en guía obligada en los colegios hasta los años 70, cuando un grupo de inconformes se dió a la tarea de eliminar este librito del currículo, por considerarlo un elemento de opresión.

Como resultado, mi generación fue la primera que no tuvo una educación en urbanidad basada en el dichoso libro, y al parecer -según las generaciones anteriores -todos los males de la humanidad comenzaron a raíz de ello.  Incluso hoy, que los que nacimos en los años 70 ya estamos alrededor de los 40, tenemos que aguantarnos a nuestros mayores hablando de todo lo que perdimos al eliminar el condenado libro.

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Se ha perdido el respeto

En últimas, tengo claro que mi problema con el libro de don Manuel de Carreño no tiene que ver con lo que dice-Si bien me parece que a estas alturas ya merece una revisión, pues claramente está lleno de anacronismos y de elementos que ya han sido superados, como el uso del pañuelo y del sombrero -, ni con lo que trataba de inculcar -Evidentemente, ni la urbanidad ni cierto grado de etiqueta están de más en una sociedad -.  Tampoco con el autor mismo, que al leer un poco veo que no tenía más que la mejor de las intenciones.  Mi problema con Carreño (El manual) es que toda la vida me he tenido que aguantar el concepto de que yo y toda mi generación somos menos “decentes” porque no nos criaron a punta de Carreño.

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Y esto, supongo.

Te quiere,

Papá

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