Hacer Caso

El día de ayer, en uno de mis grupos de WhatsApp, un compañero publicó un mensaje de Yokoi Kenji; un jóven colombiano de origen japonés que hace unos años se volvió famoso gracias a un discurso que hizo en una conferencia de jóvenes emprendedores, en la que señalaba algunos de los problemas de nuestra cultura, y cómo podemos superar esa mentalidad que nos detiene.  Fue un video inspirador que dejó pensando a más de uno, y que conectó con muchas cosas en las que creo.

Pero a pesar que en general estoy de acuerdo con Kenji, esta vez el mensaje compartido me dejó un poco contrariado.  Esta vez, debo decir, no comparto del todo la opinión del famoso conferencista; y para explicar el porqué, comienzo por adjuntar el video original:

Y bien, desglosando un poco este video, puedo comenzar por decir que estoy completamente de acuerdo con la premisa general de que la disciplina tarde o temprano vencerá a la inteligencia.  De hecho, es una premisa de la que puedo dar fe desde mi experiencia personal de alguien a quien desde muy pequeño fue considerado como “muy inteligente”, pero que siempre tuvo problemas con la disciplina.  Y aunque la inteligencia me ha llevado muy lejos (No puedo negarlo), para mí es claro hoy en día que la disciplina -desde un comienzo -me habría llevado aún más allá.

Estoy de acuerdo también en que el mundo de hoy necesita gente apasionada: Gente que llegue temprano a su trabajo, gente que vaya más allá…  Después de leer Creativity Inc. -el libro escrito por el gerente de Pixar -, fue interesante ver que una de las políticas de la empresa es que sus empleados no tienen contratos: Ellos van a trabajar porque les gusta su trabajo, porque les apasiona.

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Porque ellos son así, desinteresados.

En lo que debo decir que no estoy tan de acuerdo es en el caso que utiliza el conferencista para ilustrar su punto de vista: Ese ejemplo del candidato al puesto de trabajo que se lo gana porque, a diferencia de sus compañeros, en lugar de saber varios idiomas o tener tal o cual cualificación en su hoja de vida, sabía hacer caso; algo que Kenji presenta como algo loable y diferencial, pero que en mi opinión no lo es tanto.

Recuerdo mucho que uno de mis compañeros en uno de mis anteriores trabajos -un profesional excelente, con mucha experiencia y credibilidad, que había sido contratado por su experticia en un campo particular -esgrimía este eslógan casi como un mantra: “Es que lo que yo se hacer es caso”.  Estuvo bien, hasta que lo pusieron bajo la supervisión de un jefe, que yo ya conocía -y a quien también respeto, por razones muy similares -, que básicamente lo sacó del proyecto.

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“Si no tienes nada que ofrecer, no te necesito”

Tu abuela hace unos años me decía algo similar, aunque un poco a la inversa, respecto a una de sus empleadas.  Era alguien con un carácter fuerte, con quien ella chocaba frecuentemente, pero tu abuela decía que le gustaba tener en el equipo alguien que no hiciera lo que ella dijera sin chistar, sino que la cuestionara y le hiciera ver otro punto de vista, fuera este correcto o no.

Incluso, me parece que el ejemplo que presenta Kenji va totalmente en contra de lo que está tratando de decir.  Y no sólo porque el personaje de su ejemplo no pareciera particularmente apasionado (Se iba a ir sin siquiera presentar la entrevista, estaba pensando que si los otros no pasaron porqué él sí, su actitud ante el jefe fue completamente sumisa y subordinada en lugar de apasionada).

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Lambón no es lo mismo que apasionado

La persona realmente apasionada frecuentemente no necesita hacer caso, porque por lo general para cuando llega la órden o la instrucción ya va dos pasos más allá.  En muchos casos, la persona apasionada es aquella que necesita ser “atajada” en lugar de “arreada”*.  La persona que hace caso es una persona pasiva que está esperando instrucciones para ejecutarlas; que no aporta mucho ni en actitud ni en conocimiento; que aunque puede tener su lugar en muchos equipos, con frecuencia no es su pieza más valiosa (O si lo es, suele ser a costa de desestabilizar todo el equipo).

Ahora, que eso tampoco quiere decir que uno tenga que estar cuestionando o negándose a cumplir todas las órdenes o instrucciones que le son impartidas.  Eso lógicamente crea un ambiente muy desagradable, sino que a largo plazo puede ser un suicidio laboral.  La idea, que creo que ya te he manifestado en alguna otra carta, es que sepas utilizar tu criterio para saber qué obedecer y qué cuestionar.

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Algunos de los delitos más graves en la historia de la humanidad se han perpetrado por personas que, en su opinión, simplemente estaban obedeciendo órdenes; y que no supieron usar su sentido crítico para darse cuenta que algo estaba mal.  En últimas, creo que pocas cosas me darían tanta tristeza como verte parte de las hordas de idiotas útiles que pululan en este mundo cada vez que se necesitan.

Te quiere,

Papá

* Aprendizaje del día: “Arrear” es hacer caminar a un caballo, mientras que “arriar” es bajar una bandera (Lo contrario a “izarla”).

 

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