Hablemos de… ¿Fútbol?

Probablemente para el momento en que leas esta carta ya será claro para tí que no soy particularmente partidario del fútbol.  En general prefiero pasar de verme los partidos (Sí, incluso los de Colombia), y cuando no hay escapatoria me parece más divertido ver a la gente sufriendo por el partido que ver el partido mismo.

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Y no es un tema de “sentirme importante”, es sólo que me aburre muchísimo

Eso sí, reconozco que mi desdén por el fútbol me mantiene a una distancia prudente tanto de los muchachos que se matan a cuchillo porque adhieren a diferentes clubes, como de los tipos pesados que viven haciéndose comentarios desagradables en los pasillos de las oficinas cada vez que su equipo gana, o el del otro pierde.

Y la cosa no tiene nada que ver con haber sido criado por mujeres.  Por el contrario, Tuti -fan acérrima del Santa Fé -hizo todo lo posible para embarcarme. Sin embargo, creo que se rindió cuando me compró unos binoculares y me llevó al estadio, para descubrir que me parecía más interesante ver a la gente en las gradas que a los jugadores en la cancha.

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Abuelita…  ¿Qué es esa seña que está haciendo ese señor?

Pero el hecho de que no me guste el fútbol no quiere decir que no me entere de los pormenores de lo que pasa en el día a día -En un país como Colombia eso es bastante complicado -; y en estos últimos años, aunque me he seguido manteniento a raya de los partidos, debo decir que me ha parecido bastante interesante la transformación que ha tenido la selección nacional bajo la dirección de José Pékerman.

Verás: Antes de que llegara este Director Técnico, el equipo Colombiano era un equipo de grandes estrellas, por el que desfilaron nombres como Carlos “El Pibe” Valderrama, René Higuita, Faustino Asprilla y Leonel Álvarez.  Un equipo que, sin embargo, fallaba frecuentemente a la hora de trabajar -precísamente -en equipo.

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En buena parte, en mi opinión, gracias a como endiosaron a dichas estrellas.

Con el arribo de Pékerman se constituyó un nuevo equipo: Uno que en principio tenía nombres que nunca antes habían sonado, y que la opinión pública (Y particularmente los comentaristas deportivos) criticó en su momento.  Pero el director técnico no estaba ahí para elegir figuras sino para ganar partidos, así que se concentró en transformar a ese grupo de personas en un verdadero equipo, y el resultado de ese entrenamiento se vió desde el primer partido.

De repente, la selección Colombiana pasó de ser la que siempre estaba mirando cómo clasificaba para el mundial en el “repechaje”, para generalmente terminar haciendo el ridículo en el curso del mismo; a ser la que clasificaba después de una campaña impecable, y terminaba de quinta en el mundial, tras una dudosa derrota ante Brasil.  Sin figuras y sin mucho bombo, sólo con trabajo en equipo.

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Nuestros propios supercampeones

Hoy por hoy, estamos en la Copa América, y Pékerman sigue a la cabeza de nuestra selección.  Como aquella vez, la campaña este año ha sido excelente, hasta el punto en que sin haber jugado todos los partidos, ya el equipo estaba clasificado a la siguiente ronda.  Y entonces, al director técnico le dió por hacer lo impensable: Cambió toda la nómina oficial, dejando que los suplentes jugaran contra Costa Rica.  Al final, perdimos.

Y debo decir que es muy divertido cómo es de desagradecido el público colombiano: Sin importar que hasta ese momento fuéramos de primeros en el grupo, que hubiéramos ganado todos los partidos anteriores, que sin importar lo que pasara ya estábamos clasificados…  El buzón de Pékerman se llenó de insultos, de mensajes de odio y hasta de amenazas.

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Porque esta es la forma en que el colombiano expresa su descontento.

Lo divertido es que a veces, cuando no tienes idea de algo (Como yo de fútbol) puedes darte cuenta de lo que muchos no…  Y es que para mí claramente el “profesor” Pékerman tiene una estrategia brillante: Aprovechó un partido en el que tenía muy poco que perder en realidad para foguear a toda su suplencia en una Copa América, generando motivación y revelando potencialidades que no habrían sido visibles de otra forma, a la vez que mantuvo a su titular descansada para el siguiente partido.

Y es que un gran general no es aquel que gana todas las batallas.  Es aquel que sabe incluso cuales batallas se puede dar el lujo de perder para ganar la guerra.

Te quiere,

Papá

P.D. Como en mi país uno se puede ganar odios ajenos por cualquier pendejada, vuelvo y repito: No me gusta el fútbol.  Más que eso, soy un completo analfabeto en temas futbolísticos.  Si dije algo que te molestó, puedes tranquilizarte: No tengo la más absoluta idea de lo que estoy hablando.

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