¿Bupenpfield? (Parte 4: La Era Oscura)

En inglés he escuchado el concepto de la época oscura (Dark Ages): Una parte del medioevo donde se generó tan poca producción artística y literaria que en realidad sabemos muy poco de lo que sucedió en esos años.  Como te he anticipado en las cartas anteriores, con mi grupo de rol pasé por una “época oscura”, de la cual te puedo dar la generalidad, pero no necesariamente los pormenores, en parte porque no considero prudente exponerlos aquí, y en parte porque yo mismo no tengo claro todo lo que sucedió.

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Durante mis primeros semestres en la Universidad no logré consolidar un grupo de amigos con los que me sintiera agusto, así que generalmente me la pasaba sólo y estaba cómodo con eso.  Cuando necesitaba amigos, recurría a mis amigos del colegio o a mi grupo de rol, y eso era suficiente.

Incluso, había comenzado a juntar ambos grupos, incluyendo primero a Jaime, luego a Ricardo y finalmente a Nicolás en algunas sesiones de juego con mis primos; estrategia que me funcionó en parte porque a medida que la Vieja Guardia se disolvía, mantenía el contacto con ellos.  Por otro lado, siempre he sentido que de no haberme puesto a juntar a estos grupos, esa “época oscura” no habría sido tan desagradable como finalmente fue.

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Y es que entre el tercer y cuarto semestre eso cambió vertiginosamente: Primero conocí al combo de Ingeniería General, con quienes comencé a pasar bastante tiempo, y luego a través de Carlos conocí a otro combo, tan grande o más que este, con gente sumamente interesante entre la cual contaría a futuro con grandes amigos como Juan Carlos, José Fernando, Franky, Diego, Andrea o las Ginas.  Pero principalmente conocí a una niña de la que me enamoraría profundamente.

Ahora, sé por experiencia que los compañeros que encontrarás en el colegio y la universidad se la pasarán hablando de sus experiencias amorosas y sexuales, y en su mayor parte estarán hablando “pura paja”*.  Mi primer amor me llegó a los 22 años, en la forma de una compañera de la universidad muy tierna y dulce, a la vez que femenina, brillante y trabajadora, que se llama Johanna.

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Y a quien, por fortuna, aún hoy puedo contar entre mis amigas más cercanas

Ahora, recuerdo mucho que a mi amigo Carlos le dieron alguna vez una lección de vida que me transmitió, y a la cual siempre le he hallado todo el sentido: A pesar de lo que uno puede pensar, el tiempo no es flexible.  A medida que comienzas a agregarle actividades a tu día, empiezas a no poder cumplir con todo; y en este caso en particular, a medida que comienzas a agregarle gente a tu vida , empiezas a no poder cumplir con todos.

Efectivamente, a pesar que en los últimos años de mi vida escolar había logrado mantener a mi familia nuclear, a mis familiares “del otro lado”, a mis responsabilidades escolares, a mis amigos del barrio y a mis grupos de juego del colegio y de mis primos en un cierto equilibrio; cuando añadí dos grupos nuevos esta balanza se me comenzó a desequilibrar.

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En mi trabajo anterior, Viviana me decía que yo era “el rey de la diplomacia”.  Eso en realidad viene de cómo está estructurada mi personalidad, en particular de la necesidad que tengo de estar bien con todo el mundo.  Así, en esa época yo trataba  de hacer malabares para estar en un lado y en el otro y verme con todos y hacer de todo, pero frecuentemente eso no se lograba, y terminaba incumpliendo una y otra, y otra vez.  ¿Y a quienes les incumplía? Obviamente, al grupo que “daba por sentado”: Bupenpfield.

Ahora, ¿Has visto que Internet está lleno de memes que te dicen lo difícil que es encontrarse en una situación en la que necesitas un amigo, y de pronto darse cuenta que el amigo está ocupado, con la cabeza en otras cosas?  En este caso en particular, yo fui el amigo “ocupado”, y aún hoy no me siento muy orgulloso de ello.

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Lógicamente, esto generó una ruptura terrible, porque a punta de hacer promesas y no cumplirlas, había perdido la credibilidad con mis amigos más cercanos; y al no encontrar una reciprocidad en la amistad ofrecida, un par de ellos estaban profunda y justificadamente molestos conmigo.  Así, un día encontré las puertas cerradas: Mis mejores amigos, de los dos grupos que yo había puesto en contacto, habían continuado sin mí, y yo simplemente ya no estaba incluido.

Iba a continuar esta historia en esta misma carta, pero ya está bastante más larga de lo habitual, así que la dejaré en continuará…

Te quiere,

Papá

* Para los lectores que no son colombianos, esta expresión significa que casi todo lo que se dice es mentira.

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