Mi Hijo es muy Inteligente, parte 2

En estos días estuve viendo una charla en TED del profesor de la Universidad de Newcastle Sugata Mitra en la que expone sus experiencias y postulados en educación (Un tema al que haré mayor referencia más adelante).  En su charla, él menciona como los padres acomodados hablaban de sus hijos, indicando lo inteligentes que eran porque aprendían acerca de la tecnología rapidísimo, en comparación con los niños pobres que no parecían avanzar mucho.

Como te había mencionado en una carta anterior (Que podría verse como “la primera parte” de esta), a mí me divierte bastante esa postura de los padres orgullosos que se la pasan declarando lo inteligente que son sus hijos, especialmente comparados con la media…  Cuando en realidad, casi todos están en la media, y cada padre sólo ve a su hijo, sin notar los progresos de los demás.

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En general, mi opinión es que todos tenemos más o menos el mismo potencial para la inteligencia, y que prácticamente todo está en cómo desarrollamos ese potencial, ya que cuando hablamos de las “inteligencias múltiples“, la mayor parte de nosotros tenemos algunos aspectos más desarrollados que otros.  Sin embargo, el hecho de que todos tengamos un potencial similar no quiere decir que de vez en cuando no haya momentos realmente sorprendentes.

En los últimos días has aprendido a aplaudir.  Cuando alguien comienza a aplaudir, tú tiendes a imitarlo, haciendo un movimiento de manos que si bien no es muy sonoro, sí corresponde exactamente a lo que estás viendo.  Eso definitivamente no tiene mucho de raro, ya que aprendemos por imitación, y es muy común ver a los bebés aplaudiendo cuando alguien aplaude, o les dice “bravo”.

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Sin embargo, por alguna razón, el otro día que estaba contigo noté que estabas golpeando el piso de rompecabezas que te compró tu mamá, haciéndolo sonar, y se me vino a la mente una canción: “We will rock you”, de Queen.  Así, comencé a jugar contigo, simulando el sonido de la canción al golpear el suelo dos veces seguidas y seguir con una palmada, mientras tarareaba la canción.

La idea, lógicamente, era captar tu atención, y nada más que eso.  Sin embargo, después de un cierto número de repeticiones, comenzaste a imitarme…  Golpeando el piso repetidamente, y luego sentándote para aplaudir.  Y sí, no es como que llevaras el ritmo 2-1, y claramente esto seguía siendo una imitación de lo que veías, pero el hecho de verte alternar los movimientos al igual que yo, me dejó no solo sorprendido, sino también maravillado.

Por si acaso: una cosa es verlo, otra es filmarlo…

Esta misma semana me diste una idea, que surgió de la misma forma: Conmigo tratando de hacer algo para llamar tu atención.  Verás, hace unos días tu mamá te compró un juguete de plástico que es básicamente un palo largo unido a una base plana en la que se ensartan unos aros que varías de tamaño del más ancho al más delgado.

El otro día, mientras jugaba contigo, se me ocurrió llamar tu atención tomando uno de los anillos, y haciéndolo girar con un giro de mis dedos (De la misma forma en que otros hacen con una moneda), esperando que te quedaras mirando hasta que el aro terminara su danza con ese sonido característico que se va volviendo cada vez más lento hasta que termina.

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Con eso sé que esta es la realidad…

Efectivamente, te quedaste mirando; pero más allá de ello, te quedaste analizando mientras yo repetía la proeza una y otra vez, y frecuentemente te acercabas a mí para quitarme el anillo y mirarlo de cerca (Y, claro, morderlo), mientras yo repetía el ejercicio con otro de los anillos.  Así estuvimos un rato, hasta que de pronto descubriste que con un golpecillo lateral en el aro, cuando éste estaba en el suelo, lograbas tal vez no el mismo efecto, pero sí uno lo suficientemente parecido para ser satisfactorio.

Y, pues bien…  Sé que soy bastante reacio a este tipo de comentarios, pero claramente en este caso debo rendirme ante la evidencia; y aunque soy conciente de que el potencial de hacer estas cosas está en prácticamente cualquier otro niño de tu edad, voy a ignorar un poco mis preconceptos para ponerme en pose de padre orgulloso y decirle al mundo “Mi hijo es muy inteligente”.

Te quiere,

Papá

P.D. Para seguir con los ejemplos, ayer cuando llegué a la casa estabas picándole el ojo a Diana; y hoy, cuando cogiste el tarro de las galletas que te da tu mamá y te diste cuenta que estaba cerrado, aprovechaste tus dientes recién salidos para abrirlo y sacar las galletas.

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