En Brazos

Ayer estuve en el banco haciendo una serie de trámites que me habían pedido de la empresa en la que trabajo, y en medio de la eterna espera me quedé mirando a la gente, como suelo hacer.  Había una fila larga, que no se movía muy rápidamente, y las personas en ella se impacientaban.

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Hasta ahí, normal.

Entre ellas había una señora con un niño en brazos, de más o menos año y medio, que debía pesar unos 12 Kilos, soportaba la fila como todos los demás.  En ese momento no se me hizo raro que lo llevara alzado, tal vez porque tu mamá y yo estamos acostumbrados a hacer lo mismo contigo, y no estaba conciente de la diferencia de edad y de peso en ese momento.

Cuando la señora llegó a la ventanilla y dejó al niño en el suelo, noté cómo el niño se sostenía de pie perfectamente, sin ayuda de nadie.  De todos modos, aún no me extrañaba particularmente la situación, era parte del paisaje.  Pero entonces ella tuvo que moverse un poco para recoger un papel que estaba aproximadamente a dos metros de ahí…  Y entonces, todo cambió.

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De pronto, estábamos en medio de “El grito” de Munch

El niño armó una pataleta terrible, que puso a todo el banco en alerta.  La señora volvió como pudo a terminar la transacción, mientras el niño se aferraba a sus piernas, empinándose constantemente sin parar de llorar, y una vez hubo terminado lo recogió del suelo y de nuevo lo sentó en su cadera mientras el niño se aferraba a su cuerpo con brazos y piernas.  Fue la única forma en que el niño se quedó nuevamente tranquilo.

Y sí, todo volvió a la calma y la tranquilidad, pero yo estaba horrorizado: A menos que seas Nostradamus, no todos los días tienes una visión del futuro que te espera así como tan clara.  Y es que de inmediato pasaron por mi mente imágenes tuyas constantemente en mis brazos, en los de tu mamá y en los de tu nona, con una banda sonora de “Psicosis” de fondo.

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Bienvenidos a su clase de Ingeniería de Software 2…  Este es mi hijo Stefan*

Efectivamente, ya estás en un punto de tu vida en el que te sientas solo, ya gateas bastante bien e incluso te estás comenzando a parar, agarrado de diferentes cosas; pero a pesar de todo ello, quieres estar cargado todo el tiempo: Cuando estamos juntos, te lanzas hacia mí, me abrazas y comienzas a tratar de pararte y a empujar con tus piernas para que te cargue; y cuando te vas a dormir, especialmente en el día, tu nona te mantiene en brazos, y no te lleva al corral por miedo a que te despiertes.

Su argumento es que tu primera infancia es muy corta, y que le da pesar dejarte solo.  Yo la entiendo, y no puedo negar que cuando quieres que te alce me es bastante difícil resistirme a tus deseos; pero por otro lado no quiero que nos toque estarte cargando todo el tiempo, e igualmente quiero que te vayas independizando un poco de nosotros y explorando el mundo por tu propia cuenta.

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Y eso no lo vas a hacer si te cargamos todo el tiempo

En últimas, creo que -como en muchas otras cosas -hay que tener un balance: Es importante que te sientas protegido y respaldado, y que puedas volver a nuestros brazos cuando lo necesites; pero por otra parte es igualmente importante que tengas una cierta independencia y capacidad de exploración, que definitivamente requiere que no estés todo el tiempo en brazos.

Te quiere,

Papá

* La foto es en realidad del profesor Sydney Engelbert, quien cargó al bebé de una de sus alumnas por el resto de la clase cuando comenzó a llorar (Mi punto, exactamente).

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