¿Bupenpfield? (Parte 2: Inicia una historia, se cierra otra)

Al igual que la primera sesión de aprendizaje en casa de Ricardo, la primera sesión en casa de mis primos fue algo rara: En realidad no sabía qué esperar.  Aunque mi primo y Felipe se veían bastante entusiasmados, la primera impresión con mi prima y su novio, Gino, era que ellos eran bastante serios, y me preocupaba ir a quedar mal.  Por eso invité a mi amigo Jaime a ser “el infiltrado” en el grupo.  Así, creamos personajes -El gigante Marfat, el halfling Zaptel, la guerrera Kisara, el humano Perseo y el mago Dalkor, respectivamente -, y comenzamos con la clásica aventura “Libertad”.

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Ahora, que en realidad no puedo describir cómo una sesión de rol rompe el hielo y logra que las personas se integren y se diviertan en conjunto, pero la verdad es que no habíamos jugado más de dos o tres aventuras cuando ya mi prevención inicial con Gino y Mónica había quedado en el pasado: Poco a poco descubrí en Gino a un amigo leal, que siempre se preocupaba por llevarnos a todos a casa, y que actuaba con nosotros como un hermano mayor; y en Mónica a una mujer brillante que aunque más callada y reflexiva que el resto de la mesa, se divertía a la par, y en ocasiones lograba expresar a través de ése personaje lo que no decía como sí misma.

La campaña fue un éxito, hasta el punto que duró por muchos años y puedo decir sin temor a equivocarme que los personajes que creamos entonces se convirtieron por mucho tiempo en los más queridos de sus respectivos jugadores (Y sí, a pesar de la letalidad del juego, no soy muy dado a matar a mis personajes).  Tristemente, un par de desafortunados malentendidos llevaron a mi primo a dejar el grupo, y la mayor parte de la campaña se llevó a cabo con cuatro jugadores en la mesa.

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Sí, yo sé

Ahora, que creo que fue poco después de marcharse que Nicolás le dió el nombre al grupo.  No tengo idea de dónde lo sacó, y hoy en día busco en google y lo único que aparece bajo ese nombre está relacionado con nuestro grupo, pero nos dijo algo así como que era un lugar en alemania en donde se practicaban diferentes juegos.  Sin cuestionar mucho, procedimos a bautizar a nuestro grupo como “Bupenpfield”.

Por supuesto, yo seguía jugando de vez en cuando con nuestro antiguo grupo, que poco a poco tomó el nombre de “La Vieja Guardia”, mientras yo seguía con “Bupenpfield” y Ricardo, con sus compañeros de universidad, creaban “La Sancta Oria“.  Sin embargo, jugábamos cada vez menos, a medida que nuestras vidas comenzaban a alejarse (Mientras Ricardo y Nicolás estaban en una Universidad, Jaime y Javier estaban cada uno en otra, y yo estaba prestando servicio militar), y llegó un punto en donde debimos dar por terminada nuestra campaña de juego.

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En Ravenloft, la tierra de las sombras.

Recuerdo una apoteósica sesión final en la que Ricardo logró orquestar magistralmente que nuestros personajes -después de pasar por momentos terribles atrapados en la tierra de las nieblas -encontraran una oportunidad de escapar; oportunidad que, sin embargo, venía acompañada de un oscuro presagio, que indicaba que nuestro escape liberaría todos los horrores de esta tierra, incluyendo una sombra maléfica que nos había acompañado durante todo el camino (Y que tenía máscara y música propios, cada vez que lo encontrábamos).

La aventura final no sólo nos reveló nuestras verdaderas identidades, que hasta entonces habían estado ocultas, y nos enfrentó a los que hubiéramos hecho cualquier cosa por escapar (Mi personaje) contra el resto del grupo; sino que terminó dando un giro completo que nos dejó de vuelta en el principio: Amnésicos, en un pantano, con una luz acercándose en el horizonte.  Y lo peor es que si bien nuestros personajes no sabían qué les esperaba, nosotros teníamos claro que la historia se repetía una vez más…

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Recuerdo haberme quedado con esta cara hasta el amanecer

Con el fin de la “Vieja Guardia” y con mi eventual entrada a la Universidad (La misma en la que estaban Ricardo y Nicolás, pero -obviamente -un par de semestres por debajo), las cosas fueron cambiando; y aunque seguimos jugando, eventualmente entraría en una “época oscura” que me alejaría de todos mis amigos, especialmente de Ricardo y de todo Bupenpfield.  Mientras tanto, se armaba una nueva mesa de juego con mis nuevos amigos de la Universidad.

Pero eso es tema para la siguiente parte de esta historia.

Te quiere,

Papá

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