¡No te detengas!

De acuerdo con los lineamientos de mi empresa -y particularmente del área en la que trabajo -, todas las semanas tengo un día para teletrabajar; un día que normalmente aprovecho para sacar adelante las cosas que en el ajetreo de la oficina no puedo, a la vez que me tomo unas pausas activas para poder estar contigo, así sea un rato; A causa de ello, es también el día que tu nona aprovecha para tomarse unas pausas activas de tu cuidado.

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Quien diga que cuidar de un bebé no es una tarea extenuante, es que nunca lo ha intentado.

Pero cuando no estoy tomando esos descansos, generalmente estoy sentado en el computador, y hay un lineamiento tácito de “No molestar” para que yo pueda sacar adelante las cosas en las que esté trabajando.  De lo contrario, me podría pasar todo el día contigo y no adelantar nada del trabajo.

Estaba en uno de esos momentos este miércoles mientras tu y tu nona estaban en tu cuarto, jugando con tus juguetes.  En un momento, tu nona se fue a la cocina a prepararte algo, pero como sueles hacer notaste su ausencia y de inmediato comenzaste a llorar, a llamarla entre balbuceos y a gatear hacia donde ella se encontraba.

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Cuando ella volvió, se detuvo al inicio del corredor a esperarte.  Desde mi posición, yo la veía a ella animarte a gatear, y a tí sólo te escuchaba llorando y gritando, mientras para mis adentros pensaba “¡Vamos, sigue adelante, tú puedes!”.  Unos minutos después, tu nona me diría que estabas tratando de gatear, pero que constantemente te resbalabas y no podías avanzar, lo que te llenaba de impotencia y de frustración.

Al final, tu nona se apiadó de ti, dio los dos pasos que los separaban y te levantó en los brazos, mientras yo sin decir nada pensaba en el fondo que había sido una oportunidad perdida.

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Aunque admito que verte llorar es desconsolador

Me tomé una pausa activa algún tiempo después, cuando te escuché llorar en tu corral.  Fui a recogerte, y me dí cuenta que estabas de rodillas, tratando de aferrarte al borde del corral para levantarte (Como has comenzado a hacer, últimamente).  Con cada envión, sin embargo, te agarrabas de una mano, pero la otra te fallaba y caías; y como antes, la frustración se había apoderado de tí y te hacía llorar y gritar.  Y aunque mi impulso inicial fue lanzarme a recogerte, la vocecita interior que decía “¡Vamos, sigue adelante, tú puedes!” volvió a sonar en mi cabeza.

Y me quedé allí, animándote a intentarlo de nuevo, viendo como lo volvías a hacer, y volvías a caer, una y otra vez…

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Como un pequeño Sísifo

Hasta que de pronto, en uno de tantos enviones, te lograste agarrar con la otra mano y quedaste allí, estirado.  De inmediato moviste tus piernas para levantarte y lo siguiente que supe es que estabas de pie, en el corral, mirándome aún con un poco de rabia y de frustración a pesar del logro conseguido.

Inmediatamente me acerqué y te alcé.  Te abracé y traté de consolarte lo mejor que pude.  En ese momento me sentí muy orgulloso de ese pequeño logro, y por otra parte era claro que te lo habías ganado.

Abrazo

Y aunque es un pequeño paso para tí, quiero consignarlo en este blog para que lo tengas para la posteridad, y recuerdes que en aquel momento, en ese corral, esa meta parecía muy difícil de alcanzar; y para que ojalá en el futuro, cuando te sientas en medio de otra tarea imposible, puedas escuchar en el fondo esa vocecita que te repite “¡Vamos, sigue adelante, tú puedes!”

Te quiere,

Papá

 

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