El Camino de la Victoria

En estos días cumplió años Felipe, el amigo relajado y buena persona a quien conocí a través de mis primos Nicolás y Mónica, en medio de juegos de rol y de una que otra noche de rumba.  Uno de los miembros de ese combo de amigos del barrio con los que mis primos se criaron desde muy pequeños gracias a la amistad que ya existía entre sus padres (Bueno, y al hecho de que vivían muy cerca), y que a raíz de ello habían consolidado una amistad muy profunda.

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Me tomo el atrevimiento de tumbarme esta foto que la ilustra

Debo decir que siempre me causó algo de envidia esa amistad casi de hermandad, pues si bien yo tuve unos grandes amigos en mi barrio (Alejandro, Camilo y Carlos Alfonso), todos ellos se me desaparecieron cuando me mudé, y sólo me pude reconectar con uno de ellos a través de Facebook.  Luego estuvo Diego, con quien pasó algo similar algunos años después; y en cuanto a los amigos del colegio fue peor, pues en mi época escolar cambié de colegio cada dos años.

Obviamente, eso ha cambiado, porque hoy puedo decir que tengo grandes amigos con quienes extrañamente la amistad ha perdurado por muchos años (Con uno que otro altibajo).  Amigos con los que he compartido momentos esenciales de nuestras vidas, como nuestros respectivos matrimonios, los estudios en Inglaterra, Escocia o Alemania, sus emprendimientos, sus trabajos en el exterior y en algunos casos sus separaciones.

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Aquí: Sólo una parte del todo

De aquellos acontecimientos de la vida -Que curiosamente suelen suceder en espacios temporales similares -, poco a poco le ha ido llegando la hora a la de los hijos, primero con Francesca, con Lorenzo, con Juan Nicolás, con Matías, con Sofía y con María Paula; y más recientemente con Juan Diego, contigo y con Mateo.

A ese combo se sumó en estos días la pequeña Victoria, la hija de Hugo y de Alexandra; la primera niña en una racha de solo hombres, a quien aprovecho para darle una calurosa bienvenida a este mundo, y a sus padres para enviarles un abrazo y mi voto de confianza al saber que la pequeña no podría estar en mejores manos que la de este amigo del alma que desde hace años es mi modelo a seguir como padre, y esa mujer brillante y echada pa’ lante que tanto anhelaba ser madre.

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En serio, debo pedir permiso antes de robar fotos…

Ellos hoy en día creen que han culminado el camino a la Victoria, pero creo que en el fondo saben que ése camino hasta ahora comienza y que será uno que recorrerán durante muchos años; sin embargo, me alegra mucho que mi amigo haya encontrado una nueva luz para sus ojos, que Alex esté tan feliz con su pequeñita, y que la niña tenga la maravillosa oportunidad de crecer en un hogar tan bonito.

Y bien, en tu caso, no sé si haya futuro para una amistad entre Mateo, Juan Diego, Victoria y tú como la hubo entre mis primos y Felipe, Juanita y Cata.  Lo único que puedo asegurar es que a raíz de la amistad entre nosotros los verás bastante seguido.  ¿Quién sabe? De pronto tengamos en nuestras manos una segunda generación de Bupenpfield.

Te quiere,

Papá

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4 comentarios en “El Camino de la Victoria

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