Dos Arroces

A tus poco más de ocho meses de edad, estás en un estado en el que poco a poco vas logrando cada vez más control de tus funciones motoras: Ya agarras las cosas, ya te das vuelta de boca arriba a boca abajo y viceversa, ya te mantienes sentado y a cada momento nos sorprendes con cosas nuevas.

Es por ello que fue bastante sorpresivo para nosotros que una función que estaba más o menos bajo control, como lo es la salivación, de pronto se saliera de control.  De un día para otro, comenzaste a salivar muchísimo más, hasta el punto en que pensamos que algo raro estaba pasando.

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¡No es mi culpa!

Pero cuando comenzaste a que aquellas cosas que te llevabas a la boca las cogías como una suerte de rascador, frotando vigorosamente tus encías contra ellas como para apaciguar un poco la comezón, que nos dimos cuenta de lo que sucedía: Los primeros dientes venían en camino.

Ahora, que aunque hayan pasado más de 20 años, recuerdo bastante bien la primera dentición de tu tío Mauricio.  Y la recuerdo particularmente porque fue una época tortuosa: Supongo que el dolor era insoportable, porque en aquella época tu tío lloraba muchísimo, no dormía bien y pues tampoco era que dejara dormir muy bien a nadie a su alrededor.  Recuerdo las noches en vela, las ojeras, el mal genio generalizado y todos aquellos síntomas tan evidentes en tus abuelos (Yo estaba en otro piso).

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Ilustrada: Pesadilla de la vida real.

Y, pues, te confieso que a causa de aquella experiencia tan traumática para todos, la llegada del momento de la dentición me daba un poco de susto.  Sin embargo, contigo algo sucedió.  Aún no sé si es resultado de tu temperamento más bien calmado, de que apenas nos dimos cuenta compramos un frasco de NeneDent*, o de que simplemente la salida de tus dientes ha sido menos traumática que la de tu tío, pero en realidad es un proceso que no hemos sentido tan fuerte como lo sintieron mis padres.

De hecho, de no ser por la salivación excesiva que te comento, el hecho de que te estaban saliendo los dientes probablemente habría pasado desapercibido hasta aquel momento en el que aparecieron en la parte inferior de tu boca un par de arrocitos blancos que ahora chocas contra cualquier cuchara o recipiente que entra en contacto con ella, y con los que has mordido ya un par de veces a tu mamá.

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Lo sé: Deben hacer “zoom” para verlos

Te quiere,

Papá

* Por si acaso: Esta página no tiene ningún vínculo con NeneDent, ni le estoy haciendo publicidad de ninguna índole más allá de decir que ha sido una bendición en este proceso de dentición.

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