¡Qué machas!

Este ha sido un fin de semana particularmente pesado: El Viernes llegué a casa temprano, porque teníamos un compromiso con tu mamá, pero ella se demoró un poco en llegar.  Yo estaba dejando lista la última carta cuando ella llamó y me dijo que la recogiera, que la habían traído en el carro porque no podía caminar.

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Como la cucaracha

Resulta que a tu mamá le dió una tendinitis en los laterales de la rodilla, como nos enteramos tiempo después cuando un médico pudo verla y la examinó.  De inmediato la ordenó inmovilizar y desde entonces ha estado en cama, con un par de escapadas para bañarse y otras cosas.

Obviamente, con tu mamá inmovilizada, la persona que puede cargarte, llevarte de un lado a otro, prepartarte teteros, bañarte y otras cosas claramente soy yo.  No que nunca lo haga, pero generalmente la carga de trabajo se balancea entre tu mamá y yo.

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Y, seamos honestos, tu mamá suele asumir más carga que yo

Y por otro lado, tu mamá también requiere atención: Ayer le ayudé a comprar las pastillas, le conseguí unas muletas y he procurado que se mueva lo menos posible.  Además, he tenido mis momentos de caballerosidad que supongo que habíamos perdido desde hace un tiempo, como que ese primer día la llevé en brazos hasta la cama, y que le he llevado el desayuno a la cama estos dos días.

Y eso que tu mamá no es de las personas que pueda sentarse a “no hacer nada” (De hecho, es muy difícil mantenerla quieta).  Aún inmovilizada, te da tu tetero, juega contigo y te ha cambiado el pañal.  Sin embargo, lógicamente hay cosas que dada la condición actual no puede hacer, y he tenido que asumirlas yo.

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Y, pues, ahí vamos…

Y debo decir: Ha sido un fin de semana agotador.  Y no lo digo por quejarme ni nada por el estilo, sino porque toda esta situación me ha puesto a pensar en el trabajo que tu mamá y tu nona tienen que hacer contigo todos los días, que es muchísimo, y es bastante desgastante, sin contar que con tus 8 kilos de peso es bastante difícil llevarte por ahí, y que no necesariamente te gusta quedarte en un solo sitio.

Y más allá de tu mamá y de tu nona, pienso en todas las mujeres que tienen que hacer esto todos los días: En Johanna y en Gina, cada una con dos niños; en Arlette con Mateo; incluso en mi mamá conmigo; y pienso “¡Qué machas!”

4.2.7

En este momento te confieso que estoy un poco preocupado porque no sé cómo seguirá la evolución de la rodilla de tu mamá, y no sé cuanto tiempo deba seguir inmovilizada.  Y sí, soy conciente que además del cariño que siento por ella, una parte de mí espera su recuperación para poder descansar un poquito.

Te quiere,

Papá

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