Mis Debilidades

La semana pasada, junto con mi jefe y una compañera, estuvimos conduciendo entrevistas de trabajo a varias personas, en busca de alguien que nos ayudara en mi área.  En general, aparte de una pregunta un poco extraña que no voy a arruinar para el que le toque (Pero que se parecía a las preguntas para las que se preparaba tu tío Mauricio cuando buscaba trabajo), todo era más o menos estándar:

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Cuéntenos: ¿Quién es usted? ¿Qué ha hecho? ¿Cuáles son sus fortalezas y debilidades?

Me causó curiosidad que a la pregunta de cuáles son sus debilidades, casi todos los entrevistados (Al menos los primeros que entrevistamos, no sé si después se regó la voz o qué pasó) nos contestaron con algo que realmente no es una debilidad: “Soy muy perfeccionista -decían -, eso a veces hace que me demore mucho haciendo algo hasta que no quede perfecto” -decían.

Cuando salimos del proceso a hacer algo con mi jefe, ella comentaba que -efectivamente -la gente tiende a estar programada para que cuando les preguntan una debilidad, digan que son muy perfeccionistas; ocultando sus verdaderas debilidades y reemplazándolas por algo que finalmente puede ser visto por el entrevistador como una fortaleza. Lógicamente, no pude evitar hacer un repaso mental por mis últimas entrevistas de trabajo, y aunque no estoy 100% seguro, algo me dice que en algún momento debí caer en esa misma trampa:

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“Es que yo soy muy perfeccionista”

Éste episodio me hizo un poco autoconciente acerca de cuales son mis verdaderas debilidades en el ámbito laboral, y me puse a hacer memoria de cuales serían.  Ése día, con ella, traté de apresurar un par de debilidades que creo que tengo, pero fueron las semanas subsiguientes las que efectivamente me hicieron dar cuenta de cuales son.

Como mencioné en otra carta, hace poco tuve una semana bastante desgastante: Las cosas no me estaban saliendo, hubo lo que en ese momento percibí como un cuestionamiento a la eficiencia de mi trabajo (Que me llevó a tener que rendir cuentas ante estamentos superiores), tuve un choque de autoridad con un compañero de trabajo y durante dos días llegué del trabajo tarde y te encontré ya dormido.  Cuando llegó el fin de semana, me llevé una tarea a la casa, y confieso que me bloqueé: Durante días estuve dándole vueltas a lo que tenía que hacer, y no lograba que se me ocurriera absolutamente nada.

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Excepto esto

Mi estado de ánimo estuvo bastante bajo durante toda la semana, y pensándolo un poco en retrospectiva, creo que no es la primera vez que me pasa: Cuando las cosas no me salen bien, tiendo a abrumarme muy fácilmente, e incluso me enredo.  Hace un par de años, cuando pasé por una situación similar, alguien me dijo que yo era algo depresivo.  La verdad es que creo que mi debilidad número 1 es que soy poco tolerante a la frustración.

Ahora, esa semana pasó, y hubo un cambio total: Con un par de reuniones, varios temas que estaban enredados se resolvieron y de pronto todo comenzó a fluir…  Bastante rápido.  Tanto, que debo decir que esta probablemente ha sido una de las semanas en la que más he sentido la carga laboral; y sin embargo, también ha sido una de las mejores semanas que he tenido desde que comencé este trabajo.

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Yo, esta semana

Y es que la cantidad de trabajo nunca ha sido un problema.  Ni siquiera la presión.  En mi trabajo anterior, cuando lideraba el equipo de Mantenimientos Menores, la cantidad de trabajo siempre fue altísima (Siempre había un conjunto de alrededor de 60 mantenimientos en curso), y la presión era constante, y venía de dos lados diferentes: La empresa para la que trabajaba, y la empresa que era nuestro cliente.  Y en esa época podía manejar el trabajo y la presión, y -sin temor a mentir, y aunque suene jactancioso -mi equipo y yo tuvimos uno de los proyectos más exitosos con ése cliente.

De hecho, mi problema no es cuando la carga de trabajo o la presión son altas…  Más bien creo que es lo contrario.  Si me remonto a hace unos años, a uno de los trabajos en los que realmente me fue terriblemente mal, creo que uno de los factores clave de mi baja productividad era que mi carga laboral era realmente mínima (Tenía que dictar unas capacitaciones, e hice 2 en 6 meses), y la presión tampoco era mucha.  ¿El resultado?

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Procastinación descarada

Eso -como imaginarás -me pasó factura en su momento, y debo decirte que no estoy orgulloso de mí mismo en ese aspecto.  Sin embargo, esa es definitivamente mi debilidad número 2: Mientras a otras personas se les dificulta trabajar bajo presión, yo definitivamente necesito sentir algo de presión para poder trabajar.

Y bien, ahí están, futuros empleadores: Mis dos debilidades.  Ahora la pregunta es si con esta confesión me contratarían.  ¿Qué opinan?

Saludos,

Wolf

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