Tragar Entero

De muchas conversaciones que he tenido con María Clara, una que recuerdo particularmente fue alguna vez que nos estaba narrando una clase que tuvo -cuando estudiaba derecho -en la que básicamente les estaban inculcando la doctrina del profesor (Algo bastante común cuando de ciencias sociales se trata: No en vano tu abuela dice que muchas veces para pasar los exámenes no hay que contestar lo que es, sino lo que el profesor quiere), hasta que ella comenzó a cuestionar lo que básicamente estaban dictando como si estuviera escrito en piedra.

Qué pena, profesor…

Por alguna extraña razón, nuestro sistema educativo está diseñado para que la palabra del maestro se convierta prácticamente en la palabra de Dios: Desde los primeros años, los estudiantes son adiestrados para aceptar sin chistar ni cuestionar lo que dice el profesor, y poco a poco se les va quedando en la cabeza.  Esto es aceptable en tanto que el profesor debe tener un cierto nivel de autoridad para mantener el orden de las clases, y que se supone que es la persona que tiene un nivel superior de conocimiento.

El problema de este esquema educativo (Del cuyos problemas ya había hablado anteriormente) eventualmente llega un punto en el que nadie cuestiona, nadie pregunta, nadie aporta, nadie investiga.  Como docente no hay nada más aburrido que volverse hacia una clase, preguntar si alguien tiene preguntas y encontrarse con un silencio sepulcral…  No en vano a esta escena siempre sigue un frase que los estudiantes detestan con igual vehemencia:

Pero ¿Y si no es el profesor el depositario de todo el conocimiento?  Como te decía en la carta de ayer, en este mundo se han demostrado tantas cosas -algunas ciertamente absurdas -, que en ocasiones incluso el conocimiento mismo es dudoso, y si a eso sumamos que el profesor también es un ser humano, con todos sus sesgos y sus falencias, ¿Acaso no puede equivocarse?

Finalmente, mientras no haya una respuesta absoluta de la vida, el Universo y todo lo demás -Que creo que no habrá nunca (Y es la segunda vez que uso esa referencia en este blog) -, cada quién tiene el derecho de hacerse una idea de lo que es y lo que no, de acuerdo a su propio criterio.  Por eso te invito a que utilices ése criterio propio, y que no te dediques simplemente a tragar entero todo lo que te inculcan los demás.

Y finalmente… ¡Tengo una excusa para meter una caricatura de Mafalda!

Ya tienes tres meses, y no veo la hora en que empieces a preguntar hasta el cansancio el porqué de todo: A dudar, a cuestionar, a preguntar, a ser curioso.  Espero -además de no comerme mis palabras, y de poder contestar a tus preguntas -que nunca pierdas esa actitud inquisitiva que tantos niños pierden en ese lamentable proceso de domesticación.

Duda de todo, cuestiona todo, no tragues entero, verifica, experimenta y argumenta.  Lo que importa es que al final tú puedas encontrar tu propia verdad.

Te quiere,

Papá

P.D. Eso implica que también deberías cuestionar todo lo que dice este blog, incluso este mismo artículo.  ¿No te encantan las contradicciones?

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