Hablemos de Política, parte 3: Arreglando el Mundo

Después de revisar la última carta antes de publicarla, Juan Carlos (Quien claramente sabe más de política que yo), me remitió -aclarando que hay temas ideológicos que no comparte -a un video de Gloria Álvarez, una politóloga guatemalteca que me encanta (Hablo de sus ideas), y cuyo video iba a insertar directamente en esta entrada, para partir de ahí la nueva carta.  Sin embargo, debo decir que desistí después de llegar a casa y que tu mamá me indicara que la carta en mención estaba un poco “ladrilluda” (Y, volviendo sobre ella, creo que tiene razón).

Como la idea no es cansarte ni a ti ni a las demás personas que siguen este blog con un video de hora y media acerca de temas claramente políticos (Que sin embargo, voy a enlazar aquí para aquellos a los que les interese), seguido de toda mi retórica al respecto, voy a hacer un acercamiento por otro lado -Que a juzgar por su popularidad, es una de las mejores formas de hablar de política -, aunque no prometo que no vaya a ser un poquito ladrilludo.  ¿Qué voy a hacer hoy?  Lo mismo que hace todo el mundo, hijo: Tratar de arreglar el mundo.

Espero que para cuando crezcas esa referencia no se haya perdido…

Voy a comenzar por la parte más complicada y utópica, y es que me parece imperativo que dejemos de pensar como una cantidad de países desagregados: Somos una sola humanidad, compartimos un mundo con problemas que nos afectan a todos, y gracias a las tecnologías de comunicación y al comercio internacional, esas fronteras ridículas que vienen de épocas pretéritas se han comenzado a desdibujar.

En su lugar, deberíamos tener un gobierno global, que atienda (Y al que le importen) los problemas de todo el mundo: El calentamiento global, la escazes, la movilidad social (En particular, el hecho de que haya países donde gran parte de su población no tiene qué comer, mientras haya otros en una opulencia total), etc.  La idea es que sea un gobierno con la fuerza suficiente para impedir que los grupos económicos contaminen el aire, dañen la capa de ozono, destruyan el amazonas, fuercen el uso de semillas transgénicas, etc.

Y… no, esto no es suficiente. Todo el mundo se lo pasa por la galleta.

Para hacer algo así, siempre pensé en que se debería crear una especie de “democracia escalonada”, en la que cada ente territorial atómico (Hablo de pueblos, barrios, reservas indígenas, etc.) escogiera sus representantes, estos a su vez escogieran a los del nivel superior (Departamentos, en el caso colombiano), y así sucesivamente, bajo el supuesto que mientras más “local” sea la votación, la gente conocerá mejor a sus candidatos y podrá decidir mejor quién le conviene; y de la misma forma, podrá tendrá una mayor exigencia sobre su programa de gobierno (Y podrá reemplazarlo cuando lo considere necesario) -Ahora, teniendo en cuenta que en la mayoría de los pueblos pequeños la democracia no funciona tan bien como uno esperaría bajo esos supuestos, no estoy tan seguro.

El caso es que el proceso de selección de un candidato debería ser más como el proceso de selección de un gerente para una empresa, y menos como el de la selección del ganador de un reality show (Aunque en ese al menos van eliminando a los peores candidatos uno a uno).  Debería haber unos criterios claros de selección, una Hoja de Vida pública de cada candidato -que incluyera los antecedentes de cada uno -, de forma que los electores pudieran tomar una decisión informada.

Tin marín de do pingüé

Para eso, esta “Hoja de Vida” debería estar pública en Internet, para la revisión de cualquiera que esté interesado, y una vez una persona sea elegida se debería nutrir con sus logros y las opiniones de sus electores.  Una especie de Linked-in político, o como lo que hace la Universidad de los Andes con Congreso Visible.  De hecho, en mi opinión, debería haber un portal de transparencia en el que se pueda visualizar toda la inversión estatal, todos los proyectos y todos los reporte de ejecución de los mismos.

Y hablando de proyectos, éstos no deberían estar supeditados a cada nuevo gobierno, sino que se debería garantizar la continuidad de los proyectos en curso.  En este sentido, el ejecutivo se debería convertir más en un ejecutor de proyectos que en un ente con una agenda propia que llega a barrer con el pasado.  Efectivamente debería proponer nuevos proyectos y estrategias (Porque los proyectos no son infinitos), pero no hacer “borrón y cuenta nueva” cada 4 años.

Eso en cuanto al ejecutivo.  El legislativo, por su parte, debería -de nuevo, en mi opinión -ser reformado totalmente.  En particular, se debería hacer una reforma completa a la ley.  Y no hablo de las leyes en sí, sino a la forma en que las concebimos en nuestra cultura.

No es lógico que en este país santanderista haya más de 20.000 leyes que deben ser revisadas a ver si son superfluas, que constantemente se creen nuevas leyes que derogan o modifican las anteriores de modo que nunca sabemos cuales son las que realmente nos rigen en un momento dado y que en pleno siglo XXI las leyes sean un ladrillo que sólo los abogados se atreven a comer: “Fulanito, en uso de sus facultades conferidas por sutanito y menganito, sustentado por la ley a, b y c, y considerando siete páginas de carreta resuelve otras diez páginas de carreta que se podrían resumir en una”.

peso
Con razón hablan del “peso de la ley”

Por otro lado, las leyes deberían ser una forma de dirimir conflictos, no convertirse en las reguladoras de todo lo que sucede en la nación.  De esa forma sólo obtenemos procesos paquidérmicos y entidades burocráticas que no se mueven y no toman decisiones porque cualquier cosa que deben hacer tiene que estar ceñida a la ley (Y la ley, de por sí, ya es bastante ceñida).

Entonces, ¿Cuál es la propuesta? Que las leyes sean creadas por todos en conjunto, en una especie de “Wiki” en la que residan las leyes, en su última versión y en una forma directa y concisa.  Esta wiki, al igual que Wikipedia, tendría un espacio de discusión -al que estaría invitado todo aquel que se encontrara interesado en participar -en el que se plantearían las problemáticas y oportunidades alrededor de cada ley y se tomarían decisiones antes de modificarla (En lugar de estar promulgando constantemente nuevas leyes que precisen, deroguen o modifiquen lo existente, creando una maraña imposible de entender).

Como el pelo de Mérida, en Brave

Así, el actual congreso se simplificaría, porque la Cámara de los Comunes no sería necesaria -Ya que sería reemplazada por la discusión sobre cada ley -, y sólo quedaría un Senado compuesto por representantes de la comunidad dedicados a la labor de investigar a fondo las posibles repercusiones de cada propuesta de reforma, de dirimir conflictos en las discusiones y de promulgar las leyes.  En últimas, muchas de sus funciones serían similares a las de los Bibliotecarios de Wikipedia.

¿Y qué nos falta? La rama judicial, que en nuestro medio es la más despreciada y vilipendiada de las ramas del poder.  De la charla de Gloria Álvarez a la que me referí anteriormente me queda que el juez debe ser un tomador de decisiones, y no simplemente un intérprete de la ley.  Sin embargo, por otro lado, la experiencia con la tutela me deja la impresión que también debería haber ciertos límites a sus funciones (En particular, algo así como un presupuesto reservado para financiar las consecuencias de sus decisiones, que estaría a cargo de cada juez).

“No le puedo dar la cama reclinable, porque no me alcanza”

Y…  bueno, son sólo ideas.  Supongo que muchas otras personas han pensado otras formas de traer la política al siglo XXI (Probablemente mucho mejores: Debo reconocer que yo estoy lejos de ser un politólogo), y supongo que algunas de mis ideas no son fácilmente implementables, o pueden tener consecuencias que ni alcanzo a vislumbrar, pero prefiero el ejercicio de plantear soluciones -por raras que suenen -al otro ejercicio político al que se dedica la gente: Quejarse.

Te quiere,

Papá

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Un comentario en “Hablemos de Política, parte 3: Arreglando el Mundo

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