Hablemos de Política, parte 2: Teoría y Realidad

Antes de comenzar a hablar de participación, como había prometido en la te quiero contextualizar un poco: Según el primer artículo de su Constitución, Colombia es un Estado Social de Derecho, organizado como una República Democrática.  Traduciendo eso un poco al castellano, esto significa algo así como que el Estado Colombiano es un gobierno del pueblo, que se rige por las leyes y que debe garantizar los derechos y la calidad de vida de sus ciudadanos.

No, en serio…

El “gobierno del pueblo” es algo que debes interpretar en un sentido amplio, porque la democracia colombiana es representativa.  Esto quiere decir que en lugar de tener que poner de acuerdo a casi 50 millones de personas para tomar las decisiones que conciernen a su soberanía, éstos delegan mediante el voto su poder de decisión a un número más manejable de personas que los representan en los diferentes estamentos del poder.  Siendo estos 3: El ejecutivo, el legislativo y el judicial.

El poder legislativo -En Colombia: El Congreso -es el que hace las leyes (Que, como dije antes, son las que rigen al país).  Por eso es un error culpar al Presidente por las leyes: Culpa a los Congresistas.  El Presidente, y sus Ministros, y una cantidad de gente bajo esta estructura inicial conforman el poder ejecutivo, que se supone debe dar cumplimiento a estas leyes y tomar decisiones en cuanto a cómo hacer eso de garantizar los derechos y la calidad de vida.  Finalmente, el poder judicial recae en manos de los jueces, cuya obligación es dirimir los desacuerdos que se presenten en cuanto a la interpretación de la ley.

Y tradicionalmente han sido tan efectivos que a la justicia siempre se le representa como ciega.

La idea de dividir el poder soberano de todo el país en 3 es contrarrestar los abusos de poder que históricamente se han dado cuando una sola persona -o un grupo de personas -aglomeran todo el poder, creando un sistema de controles y contrapesos que supuestamente impiden que los representantes de las tres ramas se excedan en sus atribuciones.  Adicionalmente, los politólogos han ido identificando nuevos poderes, que están por fuera de la estructura representativa tradicional, como el poder de los medios para informar y denunciar, el poder económico y recientemente el poder de las redes e Internet.

Y se supone que todo esa parafernalia está enmarcada en la defensa de los derechos de la población y en la mejora de sus condiciones de vida.

Hasta ahí muy bonito, ¿No?

Entonces, ¿Qué es lo que no funciona?  Comencemos por el sentido mismo de la democracia representativa: El voto.  Probablemente cuando llegues al colegio y tengas que participar en las votaciones del gobierno escolar te darás cuenta que las votaciones no son un proceso de selección juicioso de un candidato idóneo para desempeñar la labor asignada.  En su lugar, terminan por convertirse en un concurso de popularidad, en el que candidatos buenos se ahogan por desconocidos o impopulares, y ciertas personas que no necesariamente deberían ser elegidas terminan por serlo gracias a su carisma o su popularidad.

Peor aún: Los representantes elegidos democráticamente comienzan a esgrimir un poder amplísimo, y ese poder se vuelve bastante atractivo (Especialmente cuando comienzan a utilizarlo en beneficio propio, ignorando su compromiso con aquellos que los eligieron).  Por tanto, muchos candidatos comienzan a buscar formas “creativas” de llegar al poder, que van desde prometer favores (Puestos públicos, prevendas contractuales y otras ventajas que estarán en su potestad una vez tengan el poder) hasta dar mercados y tamales a los electores potenciales, todo con el objetivo de llegar a ocupar el cargo al que están aspirando.

Bueno, a veces les dan para comprar el mercado, porque no alcanzan a irlo a comprar ellos mismos

Por otro lado están los partidos políticos, que en teoría son aglomeraciones de ciudadanos con aspiraciones políticas que comparten una misma ideología, de forma que el ciudadano pueda votar por el representante de un partido sin conocer sus cualidades personales, a sabiendas que guardará ciertos parámetros ideológicos.  Hay partidos de izquierda, que en términos general promueven la igualdad social, y partidos de derecha, que en general defienden la propiedad privada y la libertad individual.

En la práctica, al menos en colombia, esas ideologías se suelen desdibujar -excepto en aquellos casos en que el partido está muy claramente desligado de los demás, como (Para cuando escribo esto) el Polo, que representa a la izquierda, o el “Centro” Democrático, que es claramente de derecha extrema.  En la mitad, resultamos con un cúmulo de partidos de aguas tibias en que sus ideales no están claramente definidos, que terminan migrando o hasta compartiéndose representantes, y con los cuales el ciudadano no necesariamente se identifica; En muchos casos, en la práctica, todos estos partidos políticos terminan convirtiéndose en acumuladores de esas prácticas antideportivas (Por decir lo menos) que te mencionaba antes.

¡Pero cómo llenan de colorcitos las salas del Congreso!

Peor aún, los colombianos tendemos a caer en apasionamientos ridículos en torno a los partidos (Y a los equipos de fútbol, y a las religiones, y a una cantidad de cosas que no deberían ser tan relevantes), que nos llevan a “odiar” a todos aquellos que no comparten nuestra ideología…  Comportamiento que nos ha valido 70 años de matarnos entre nosotros mientras los partidos llegan a acuerdos descarados como el Frente Nacional de los años 70 o la actual Unidad Nacional, que nos hacen quedar a todos en ridículo.

(Como consejo: Por favor nunca te apasiones en tus posiciones políticas, ni te prives de hablar con personas de ideologías diferentes y hasta opuestas.  Siendo de derecha moderada, puedo decir que varios de mis mejores amigos tienen un pensamiento claramente de izquierda, y aunque estoy convencido que nunca nos convenceremos mutuamente de los puntos de vista del otro, sí puedo decirte que las conversaciones son claramente enriquecedoras).

…y no terminas como este osito…

Finalmente, la división del poder tampoco es un obstáculo para nadie, sólo hace que el juego sea más divertido: En la práctica, el sistema de controles y contrapesos lo que logra es que se establezca una negociación bastante odiosa entre los que esbozan los diferentes poderes (Incluídos los medios y los poderes económicos); Así, el Presidente negocia las leyes con los congresistas, los congresistas no son juzgados por los jueces, los jueces no son expuestos por los medios, los medios reciben ayuda económica y el Presidente y sus ministros reciben dádivas -Y así, todos con todos, sin límite de tiempo.  Una suerte de “yo te rasco la espalda si tu me rascas la mía”, que termina por beneficiar a los que ostentan el poder, muchas veces en perjuicio de la ciudadanía que los eligió.

Winston Churchill dijo alguna vez que “La democracia es la peor forma de gobierno, con la excepción de todas las demás que se han intentado”.  La realidad es que efectivamente hasta el momento no se ha encontrado algo mejor (Lo cual no quiere decir que no lo haya).  Sin embargo, si existen una cantidad de mecanismos de participación y control político que sí es importante conocer y tener en cuenta para evitar los abusos del poder.  Pero como ya esta carta está particularmente larga, los dejaré para la parte 3.

Te quiere,

Papá

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2 comentarios en “Hablemos de Política, parte 2: Teoría y Realidad

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