El Doctor Google, o el Apabullante Exceso de Información

En la carta anterior te mencionaba que desde hace una semana has llorado probablemente lo que no habías llorado durante el resto de tu (Corta) existencia, no has dormido bien y se nota que estás incómodo y molesto.  Y como la naturaleza es sabia, tu llanto activa algo en el cerebro de tu mamá y mío que funciona como una alerta roja: Hay que hacer algo, y ya.

Y bien, estamos en alerta roja, pero eso es como estar en una alerta roja en una planta nuclear, cuando tienes enfrente un panel de controles como el de homero Simpson…  Sabemos que algo pasa, sabemos que es grave, pero no tenemos la más remota idea de qué es.  A tus casi dos meses de edad, tú no nos puedes contar exactamente lo que te sucede (Y si lo hicieras ambos entraríamos en pánico), y debo confesar que aún no reconocemos muy bien tus diferentes tipos de llanto.

Como otros padres primíparos desde tiempos inmemoriales, generalmente seguimos un esquema de ensayo y error: Primero verificamos si tienes hambre, acariciando tu mejilla y mirando a ver si respondes con reflejo de succión.  Si eso falla, intentamos revisar si necesitas un cambio de pañal.  Si esto tampoco funciona, reaccionamos como cualquier otro padre en nuestra situación haría.

Entrar en pánico

Una diferencia fundamental que tenemos con esos padres de tiempos pasados, es que ellos -con poca información -actuaban básicamente a punta de consejos y de instinto, y cuando eso fallaba iban al médico y confiaban ciegamente en lo que el doctor les decía.  Finalmente, la cosa podía empeorar o terminaba por mejorar, con lo cual los padres ya sabían qué hacer en futuras ocasiones (Supongo que muchos de esos “remedios caseros” de hoy vienen de siglos de experimentación paterna), manteniendo de todos modos un cierto nivel de maravillosa, maravillosa ignorancia.

Nosotros, sin embargo, no tenemos esa ventaja.  El mundo de hoy nos ha llenado de información: Desde el curso psicoprofiláctico que tomamos antes de tu nacimiento; la información detallada que nos dan en algunos casos los médicos y otros las enfermeras; las historias, consejos y testimonios de familiares, amigos y conocidos.  Así, sabemos que estás en riesgo por el síndrome de muerte súbita, que puedes sufrir de reflujo, que debes cuidarte de las personas con gripa porque puede ser causa de muerte, que probablemente tienes cólico, y que existen otros miles de riesgos para un bebé recién nacido como tú.

Súper tranquilizante

Y si el exceso de información francamente terrorífica es poco, aún existen formas de entrar en pánico aún más: Sólo debes reportar los síntomas en la barra de búsquedas de Google, y una simple molestia estomacal se puede convertir en una de las enfermedades más graves de este planeta, con una tasa de mortalidad enorme (Y demostrada con gráficos e imágenes terribles).  Ahora trata de conciliar el sueño.

Ayer fuimos al pediatra y aprovechamos para descargar sobre ella todos nuestros miedos, todas nuestras frustraciones, todos nuestras dudas y todas nuestras preocupaciones; para hacer todas nuestras preguntas, esperando obtener la respuesta a la pregunta del sentido de la vida, el universo y todo lo demás.  Adivina qué nos dijo.

El que la entendió, la entendió.

Como te imaginarás: Todo, absolutamente todo, es normal.  Estás en época de hipo, de cólicos y de congestión nasal.  Es posible, incluso que te dure un poco más.  Por suerte, la doctora nos dio una serie de recomendaciones que seguiremos al pie de la letra, y podremos dormir tranquilos…  Al menos hasta donde tú nos lo permitas.

Y mientras tanto seguiremos conviviendo con este apabullante exceso de información que nos rodea, tratando de no dejar que las alarmas se prendan a menos que realmente valga la pena, y tratando de no caer en el error de dejar que nuestras inquietudes sean resueltas por el que tal vez sea al mismo tiempo el mejor (Para el que sabe) y peor (para el que no) consejero médico en la historia de la humanidad…

Te quiere,

Papá

P.D.  A propósito de Dr. Google, una parodia acá.

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