Una Larga Trayectoria Deportiva, parte 2

Después de haberte escrito hace un tiempo que el ejercicio ayuda a la longevidad, y también a la felicidad, te preguntarás el porqué de mi diatriba contra el ejercicio de mi carta anterior.  Pues bien, el hecho de que durante muchos años haya tenido mis serios problemas con el ejercicio no quiere decir que no sea conciente de sus beneficios.

¿Quién lo entiende?

De hecho, saber que no me gusta el ejercicio y que de todos modos “tengo que hacer algo de ejercicio” para recibir los beneficios de salud y estado anímico me ha hecho darle muchas vueltas al asunto, y generalmente cuando te enfrentas a una dicotomía así terminas por volverte creativo.  Efectivamente, tras pensar bastante en el asunto, me dí cuenta de algo que sonará bastante obvio, pero que es todo un descubrimiento para todos aquellos a los que les gusta generalizar: No todos los seres humanos funcionamos de la misma manera.

Y esto es cierto en particular en lo que refiere al ejercicio.  Verás: Hay personas que aman el ejercicio de alto impacto; para los que los entrenamientos duros, el sudar y “botarla toda” es parte de su proceso; que liberan endorfinas con ejercicios que para otros son agotadores; que les gusta el ejercicio por sí mismo, o -en muchos casos -las artes marciales (Personas como Gino, Fabio Enrique, Juan Pablo o Juan Camilo).

Hay gente a la que le fascina el gimnasio: Van todos los días, hacen aeróbicos, máquinas, caminadora, bicicleta; hay gente que hace ejercicio en su casa, que tiene disciplina para levantarse temprano a correr o a hacer flexiones de pecho y abdominales (Ayer se me pasó contarte de mis problemas de espalda con las abdominales); por otro lado, hay gente que hace ejercicios un poco más pasivos, como pilates, estiramientos o haciendo poses de yoga.

…y yo no soy ninguno de ellos.

A mi no me gusta hacer ejercicio.

La sola idea de “ponerme a hacer ejercicio” me genera un rechazo casi inconsciente.

Sí, rico ir a hacer ejercicio, vayan ustedes…

Pero…  ¿Y si no me “pongo a hacer ejercicio”?

Hay diversas actividades que me gustan y que de alguna forma implican una actividad física con la que obtengo los beneficios del ejercicio, sin tener que pasar por la molesta negociación conmigo mismo para convencerme de que tengo que hacer ejercicio -negociación que, por cierto, siempre pierdo (¿O gano?).

El hecho es que de unos años para acá me he dado cuenta que para hacer ejercicio tengo que de alguna forma engañarme a mí mismo con una actividad que me guste y que de alguna forma implique ejercicio: Caminar mucho, subir y bajar escaleras (No es que me guste subir y bajar escaleras, pero lo prefiero a esperar ascensores), nadar, montar bicicleta, y -sobre todo -bailar.

¡Y olé!

Como te decía cuando te hablaba de la longevidad, el tema del ejercicio no necesariamente quiere decir que tienes que dedicarte horas enteras a un gimnasio o a un entrenamiento riguroso.  Lo importante es incorporar un ejercicio constante dentro de tu estilo de vida.  Así que, si en un futuro te interesa el ejercicio “fuerte”, con mucho gusto te presento a Juan Camilo; y si quieres algo más suave de pronto te llame una opción tal vez un poco “cómoda” como la mía.  Lo importante es que nunca dejes de moverte.

Te quiere,

Papá

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