La Capital del Chanchullo

En España cuando vas a cruzar una calle los autos se detienen, y cuando tienen que hacer fila para tomar una salida nunca vez a nadie adelantándose para meterse a la brava en el primer lugar.  En París puedes salir de noche por el centro sin estar mirando a cada lado a ver quién te va a robar.  En Venecia cuando tomas el bus debes pasar una tarjeta que te cobra tu pasaje; No hay torniquetes, pero todos pagan su pasaje.  En Berlín está tremendamente mal visto que botes un papel en la calle.  En Japón la gente deja la fruta y una canastilla donde los demás depositan el dinero al tomarla.  En Canadá la gente no cierra con seguro las puertas de su casa.

¡Este mundo está loco!

Me da tristeza hablar mal de mi país, sabiendo que hoy en día tengo lectores de varias partes del mundo (¡Hola a todos!), pero no puedo evitarlo: Colombia es el país de la trampa, el país del atajo, el país en que todos piensan únicamente en sí mismos sin tener el más mínimo sentido de comunidad (Como bien decía -en burla -“Actualidad Panamericana”, los colombianos carecemos de un gen que nos permita pensar en los demás).  En ese orden de ideas, Bogotá viene siendo la capital del chanchullo.

Chanchullo: Negocio ilícito
tejemaneje para obtener alguna ganancia
tomado de WordReference

Al vivir en Bogotá algunas cosas que escandalizarían a un extranjero parecen normales: Ver a la gente atravesar las avenidas a la carrera para saltar y así colarse en las estaciones de transmilenio (O incluso para salir de ellas, que es aún más ridículo); que los autos armen doble y hasta triple fila para hacer un cruce, porque todos quieren quedar de primero (Y aquel que le da paso al peatón sea foco de los pitos de los que vienen tras él); que nadie atraviese las calles por los puntos demarcados para ello; que pongas una direccional y el del lado acelere para bloquearte el paso; que la gente le pague a los policías para evadir sanciones o que cambien su voto por una mogolla (Como -estoy seguro -sucederá en las próximas elecciones).

Y lo peor de todo es que los deshonestos se salen con la suya: El infame ex-alcalde de Bogotá, Samuel Moreno, famoso por su “carrusel de la contratación” ha dilatado su juicio hasta el punto en que está a punto de quedar libre por vencimiento de términos; mientras tanto, otros responsables de desfalcos millonarios celebran opulentas fiestas dentro de los muros de la Penitenciaría “La Picota”; Enilce López, “La Gata”, condenada por lavado de activos y por nexos con los paramilitares, ha pagado su condena en un hospital donde quien controla la seguridad es ella misma, no el estado; Natalia Lizarazo se cambia el apellido a Springer, se inventa títulos inexistentes y recibe millonarios contratos del gobierno nacional.

Y, pues, al crecer en un país en donde la deshonestidad, la trampa y el atajo dejan de ser la excepción para convertirse en la norma, en lo común, en lo habitual; en donde los que pasan por encima de los demás obtienen prevendas y beneficios inmerecidos, o evaden lo que deberían pagar; en donde los que roban, estafan y asesinan viven con total impunidad; en donde las mismas autoridades que deberían protegernos te dicen que si no quieres que te roben el celular, no lo saques (Y estupideces por el estilo)…  Me imagino que podrías pensar que no vale la pena ser honesto…  Al final, si todos lo hacen y si les va tan bien, ¿Porqué no yo?

¡Alto!

Sé que no es fácil, pero te pido que no te dejes llevar por esa forma de pensar.  Tu integridad no es negociable:  No es algo que puedas poner en la balanza.  Caer en el juego es meterse en una espiral descendente de deshonestidad y de corrupción que no hace más que alimentarse a sí misma (Si ya hiciste esto y te saliste con la tuya, ¿Por qué no intentar lo de más allá?).  No lo hagas por un beneficio inmediato o futuro, ni por una falsa sensación de superioridad moral: Hazlo porque una de las mayores fuentes de tranquilidad en tu vida es saber que tienes la conciencia tranquila.

Te quiere,

Papá

En temas relacionados: Recuerdo con tristeza un día -hace ya bastante tiempo -en que Gino salió consternado de ver una noticia y nos interpeló a Mónica (Su actual esposa) y a mí, diciéndonos que en Estados Unidos un hombre había matado a varias personas (No recuerdo cuantas…  ¿12? ¿20?).  Mónica y yo nos miramos, y con cierto desdén le dijimos que si no eran al menos 30 no nos parecía una noticia relevante, ante lo cual Gino se fue, un poco frustrado por la indiferencia de los Colombianos…

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Un comentario en “La Capital del Chanchullo

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