Salario Emocional

El Viernes pasado viajaba con mi jefe hacia una reunión, y ella me preguntó acerca de mis trabajos anteriores.  Cuando le conté que en los últimos años había estado básicamente trabajando como gerente de proyectos de tecnología para empresas del sector petrolero, se mostró un poco extrañada (Porque eso no tiene nada que ver con lo que entré a hacer en mi nuevo trabajo), así que me preguntó ¿Y sí te gusta lo que estás haciendo?

Y la verdad es que sí.  Me gusta lo que estoy haciendo.  Creo que no estoy tan motivado en un trabajo desde hace años, cuando un momento laboral bastante poco agradable sumado al sueño de uno de mis mejores amigos me llevó a un cargo en el que jamás habría soñado estar: Coordinador de Tecnología en la Corporación Sómos Más.

Una empresa sin ánimo de lucro dedicada a este tipo de actividades

Con mi bagage muy corporativo y capitalista, allí yo me sentía un poco como un bicho raro.  Y sin embargo, había algo en ese trabajo que lo hacía particularmente atractivo, hasta el punto que aún (Más de 5 años después) recuerdo ese trabajo con un cariño especial; y es que por una vez en mi vida no estaba trabajando únicamente para mejorar la productividad de nadie…  Estaba trabajando para mejorar las condiciones de vida de la gente.

Durante casi toda mi carrera profesional (E incluso antes de recibir el título formalmente) he ejercido como docente.  Mi primer trabajo fue en la Fundación Universitaria San Martín, y debo reconocer que desde entonces me enamoré: Entregar los (No tantos) conocimientos que poseo a otras personas para que tomen la batuta y los lleven aún más lejos era algo que me encantaba, y hasta el sol de hoy la labor docente es una de las principales motivaciones en mi vida.

Aunque a veces nadie me entendiera…

Ahora bien, hoy en día la San Martín se encuentra intervenida por malos manejos de su dinero, lo cual me da mucha tristeza porque conozco muchos estudiantes y profesores que pasaron por ahí y que son excelentes, pero particularmente los títulos de mis antiguos alumnos quedan un poco en entredicho a causa de temas puramente administrativos, que nada tiene que ver con lo académico.  Y es que, entre otras, mientras trabajé allí, de alguna forma me acostumbré a que no me pagaran.

Y, bien, eran otras épocas…  Yo vivía con mis padres, no tenía muchas responsabilidades y podía darme el lujo de sobrevivir a punta de lo que era para mí un salario puramente emocional: El hecho de impartir conocimiento y de lograr que mis estudiantes aprendieran era lo único que importaba.

Ella lo vale

Hoy en día, gracias en buena parte a un amigo muy preciado que tuvo a bien brindarme la oportunidad, tengo de nuevo un salario emocional, que por suerte esta vez está ligado también a un salario real.  De nuevo estoy trabajando no sólo para mí, y no sólo para generar riqueza a una empresa, sino también para ayudar a otras personas a mejorar su calidad de vida.  Eso para mí no tiene precio.

Y aunque no quiero sesgarte en tu elección de carrera, sí quiero decirte que se obtiene una gran satisfacción cuando no trabajas sólo por tí mismo sino también para otros, y que me gustaría que ojalá lograras encontrar en un futuro un trabajo en el que pudieras hacer algo bueno por la humanidad.  No hay vida más gratificante que una vida con sentido, y me gustaría que te dieras el placer de tenerla.

Te quiere,

Papá

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