No hay lugar como el hogar

Estas fueron las palabras que llevaron a Dorothy de vuelta a Kansas, después de sus aventuras en la tierra de Oz.  Tú, por tu parte, aún estás muy chiquito para entenderlo, y algo me dice que en este momento para tí el concepto de hogar es un poco ajeno: Sólo conoces el interior de la barriga de tu mamá, y las unidades de cuidado neonatal intensivo e intermedio.  Curiosamente, ninguno de ellos es el que -espero -en un futuro cercano entenderás como “hogar”.

Hoy, con una semana de nacido, nos dijeron que estabas preparado para dejar la clínica para venir con tu mamá y conmigo a casa, al calor de hogar, al moisés que te estaba esperando.  Allí, tras una larga espera asociada a cuestiones administrativas que no vienen al caso, nos despedimos de Martín Cárdenas, de Jacobo, de las gemelas Mariana y Valeria, y de las gemelas Alejandra y Gabriela, no sin antes desearles que -como tú -pronto todos ellos pudieran estar en condiciones de ir a sus respectivos hogares, con esos padres que fueron nuestros compañeros durante los últimos días.

La demora, sin embargo, se tradujo en que estuvimos a punto de perder la oportunidad de sacarte de allí durante el día: Bogotá cuenta con un gigantesco caos vehicular que se ha tratado de controlar con medidas que han dado resultados cuando menos mediocres, entre los cuales hay una restricción que nos obligaba a llegar antes de las 3pm a casa.  Es curiosa la  que uno esté llevando a su hijo a casa y esté estresado porque a partir de cierta hora estará violando la ley.

¡Por favor! ¡Sólo quiero llevar a mi hijo a casa!

Pero finalmente llegamos y pudimos entrar, organizarnos y descargar.  Pero el siguiente estrés vino de tu alimentación: Ya no había nadie guiándonos en el proceso, como lo habíamos tenido en la clínica, y tampoco había una opción preparada por si el pecho no funcionaba de forma apropiada.  Pero gracias al conocimiento de tu nona en estas lides y a la infinita paciencia de tu mamá (En esto yo no aporté absolutamente nada), logramos salir avantes con una solución ingeniosa, que alivió a tu mamá de la frustración que ya comenzaba a sentir, y a tí de un disgusto que ya estaba a punto de hacer estallar todas las ventanas del apartamento.

Hoy, te tengo en casa después de una semana de vida, y es increíble ver lo que has avanzado de nacer casi en paro respiratorio, a verte hoy arropado y confortable en tu moisés, al lado de nuestra cama.  Y mientras escribo estas líneas escucho uno que otro quejido tuyo y cuento las horas para despertar a tu mamá y que te alimente de nuevo (Con mayor proficiencia cada vez).  No sé qué estarás pensando en estos momentos, pero espero que en el fondo sientas lo mismo que yo en este momento…

No hay lugar como el hogar

Te quiere,

Papá

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