El Moisés, Parte 2

¿Te acuerdas que hace unos meses te contaba que salimos con tu nona a buscar un Moisés por la vía a Fusagasugá?

Hermoso pueblo de Cundinamarca

Pues te cuento que tu nona ha estado trabajando fuertemente en él desde entonces, pintándolo de blanco y alistándolo con un colchón y un interior acolchado para hacerlo mucho más cómodo para tí, y con velos y encajes que ha añadido meticulósamente a la mezcla para que se vea tal como ella quiere, de modo que podamos tenerte a nuestro lado cuando duermas en las noches con nosotros (Y cuando no duermas también).

El proceso no ha dejado de tener sus inconvenientes: Hubo un momento en que tu nona estuvo bastante enferma, y sus manos estuvieron muy maltratadas, hasta el punto que el manipular la entretela causaba heridas en sus manos.  Sin embargo, un día se fue a viajar a su amado Carmen de Nazareth, y ¿Sabes qué? Yo creo que el factor de regeneración te viene de ése lado de la familia, y que se activa cuando estás feliz, porque con sólo unos días en su tierra amada, de pronto ya estaba totalmente recuperada.

En cuestión de días, el Moisés estuvo terminado, y el día de hoy llegó a casa -Gracias a tu nono y a Alicia, que hicieron todo para traerlo, mientras nosotros estábamos visitándote en la clínica -.  Aquí te lo muestro terminado, para que lo compares con la foto que publiqué el día que lo compramos:

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¿Te gusta? ¡Ven a estrenarlo! En este hogar, ya sólo faltas tú.

Te quiere,

Papá

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