Una Vida de Privilegio, parte 2: Un gran poder…

En la parte 1 de esta carta, te contaba cómo la sociedad colombiana está estratificada, y tiene unos grandes niveles de desigualdad.  Ahora, es fácil creer que uno está más o menos en la mitad de esa estratificación…  Pero no.

Cuando era más pequeño, crecí en una zona “estrato 4” de Bogotá (La capital del país), y con el tiempo mi mamá (Tu abuela) logró terminar una carrera universitaria; y si bien en los colegios en los que estuve fuí uno más del montón -Incluso, en el colegio en el que me gradué, siempre sentí que mi familia era una de las de menores ingresos -, en el servicio militar fue claro para mí (Y mis compañeros fueron muy amables en señalarme) que yo era un “gomelo”.

Nunca entendí porqué

Por tu parte, para cuando llegues a este mundo, indudablemente estarás dentro de las clases medio-altas y altas del país, y con ello vendrán por añadidura todos los beneficios que te mencionaba la caricatura del post anterior (El sólo hecho de que esté en inglés, y yo asuma que la vas a poder leer, ya habla algo de eso), especialmente debido a que -como te mencionaba en la última carta -pienso darte tanto apoyo como el que yo he recibido de parte de tu abuela.

Sin embargo, quiero aprovechar para hacer un chequeo de realidad: El ser de “estrato alto” en un país como este, y tener un cierto respaldo familiar para apoyarte, no significa que tengas carta libre para hacer lo que quieras (O, más exactamente, no debería significar…  La realidad puede decepcionarte un poco).  Es importante que tengas claro que debes respetar a todas las personas, sin importar su condición social, y respetar siempre las normas del sitio en el que te encuentres.  Y esto no debería ser un asunto de coerción, es un tema de ética personal.

Y si algún día cometes alguna falta (Que espero no sea así), debes afrontar tu responsabilidad: No puedes pretender que sean tus padres los que arreglen el problema, o que puedes salirte por la tangente por el simple hecho de tu estatus social, o tus contactos familiares o sociales.

Ahora -yendo al otro extremo -, puede que el darte cuenta de esta realidad socioeconómica de tu país te motive a ayudar a los más necesitados (A ese 33% del que hablaba en la primera parte de esta carta), a hacer un voluntariado, o a buscar formas de cambiar un poco la estructura de este país.  Si eso te llama la atención, contarás con todo mi apoyo y toda mi colaboración…   Realmente, este país necesita que las personas tomen conciencia de todo lo bueno que tienen, y todo lo que le falta a tantas personas, y comiencen a actuar sobre ello.

Te quiere,

Papá

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