El Círculo del 99

Voy a hacer algo que no suelo hacer en este blog:  Voy a transcribir un texto de otra persona, y mañana te explico porqué lo incluyo como una de mis cartas para tí:

El Círculo del 99

de Jorge Bucay

Un rey huraño y amargado tenía un sirviente que siempre estaba muy feliz: Despertaba al rey cantando alegres canciones, y su actitud para con la vida era siempre simple y serena.

Alguna vez, el rey le preguntó: “¿ cual es el secreto de tu alegría?”. El respondió: “Majestad, no tengo razones para estar triste. Tengo a mi esposa y mis hijos viviendo en la casa que la corte nos ha asignado, somos vestidos y alimentados por su alteza ¿cómo no estar feliz?”.

La explicación no era suficiente para el rey, quien no consiguió explicarse como el paje estaba feliz viviendo de prestado, usando ropa usada y alimentándose de sobras. Entonces llamó al sabio de la corte y le preguntó: “¿Porqué el es feliz?”

– “Ah, Majestad, lo que sucede es que él está fuera del círculo”.

– “¿Y cómo salió?”

– “¡Nunca entró!”

– “¿ Qué circulo es ese?”

– “El círculo del 99”.

– “Verdaderamente, no te entiendo nada”.

– “La única manera para entender, Majestad, sería haciendo entrar a tu paje en el círculo”.

– “Eso, obliguémoslo a entrar”.

– “No hace falta, su Majestad. Si le damos la oportunidad, él entrará”.

– “¿Por sí solo?”

– “Sí. No lo podrá evitar, Majestad”.

Bajo instrucciones del sabio, prepararon una bolsa de cuero con 99 monedas de oro.  El hombre sabio tomó la bolsa y le puso un papel que decía: “Este tesoro es tuyo. Es el premio por ser un buen hombre. Disfrútalo y no cuentes a nadie como lo encontraste”, para dejarla luego en la puerta del sirviente.

Al llegar a su casa, el sirviente vio la bolsa, leyó el papel, la agitó y al escuchar el sonido metálico se estremeció. Miró hacia todos los lados y entró, vaciando el contenido en la mesa.  ¡Era una montaña de monedas de oro! Las tocaba y amontonaba, las acariciaba y hacía pilas de 10 monedas, mientras sumaba 10, 20, 30, 40, 50, 60, hasta que formo la última pila ¡¡¡99 monedas!!!  Su mirada recorrió primero la mesa, buscando una moneda más. Luego el piso y finalmente la bolsa. “No puede ser”, pensó. Puso la última pila al lado de las otras y confirmó que era más baja. “Me robaron”, gritó.

Una montaña resplandeciente le recordaba que había 99 monedas de oro. “¡Sólo 99!”. Es mucho dinero, pensó. Pero me falta una moneda. La cara del paje ya no era la misma, estaba con el ceño fruncido y los rasgos tiesos. El sirviente guardó las monedas y se sentó a hacer cálculos ¿Cuánto tiempo tendría que ahorrar para comprar su moneda número cien?.  Estaba dispuesto a trabajar duro hasta conseguirla.

Con cien monedas de oro, un hombre puede dejar de trabajar. Con cien monedas se puede vivir tranquilo. Sacó el cálculo. Si trabajaba y ahorraba su salario y algún dinero extra que recibía, en once o doce años juntaría lo necesario.  “Doce años es mucho tiempo” pensó. Quizás pudiera pedirle a su esposa que buscará un trabajo en el pueblo por un tiempo.  Y él mismo, podría trabajar hasta la noche y recibir alguna paga extra por ello.

Durante los siguientes meses, el sirviente siguió sus planes, más no pasó mucho tiempo antes de que el rey lo despidiera por su mal humor.  El paje había entrado en el círculo del 99…

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